lunes, 8 de mayo de 2017

La translatio y la inventio jacobeas. No se puede conocer el Camino haciendo el camino.


  Jesús resucitó en la madrugada del primer día de la semana y se apareció en primer lugar a María Magdalena, de la que había expulsado siete demonios. Ésta fue a comunicárselo a los que lo habían acompañado, que estaban tristes y seguían llorando. Ellos a pesar de oír que estaba vivo y que ella lo había visto, no lo creyeron. Después de esto se apareció, con aspecto diferente, a dos de ellos que iban de camino hacia el campo. También fueron a dar la noticia a los demás. Pero tampoco les creyeron.
 Por último se apareció a los once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y su terquedad por no haber creído a quienes lo habían visto resucitado. Y les dijo:
  -Id por todo el mundo y proclamad la buena noticia a toda criatura. A los que crean, les acompañarán estas señales: expulsarán demonios en mi nombre, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes con sus manos y, aunque beban veneno, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y éstos se curarán”. Mc 16-9,18.


 “Apostolatus autem circumcissionis Petro est asignatus (…) Jacobo Zebedai Hispania”. Breviarium Historiae Catholicae -Rodrigo Jiménez de Rada.

 “Por aquel tiempo, el rey Herodes comenzó a perseguir a algunos de la Iglesia. Ordenó matar a filo de espada a Santiago, el hermano de Juan”. (Palestina año 44) Hch 12-1,2.


 Tras la Resurrección y Ascensión de Cristo, “Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos juntos (los apóstoles) en el mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido, semejante a un viento impetuoso, y llenó toda la casa donde se encontraban. Entonces aparecieron lenguas como de fuego, que se repartían y posaban sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos de Espíritu Santo y comenzaron a hablar en lenguas extrañas, según el Espíritu los movía a expresarse”- Hch 2, 1-4. Algunas fuentes sitúan a Santiago predicando en España, sin pruebas documentales ni a favor ni en contra, y en su retorno a Jerusalén es apresado y condenado a muerte por Herodes.
  En resumen, tras el mandato de Cristo de predicar el evangelio, según determinadas fuentes que no acreditan la presencia en vida del Apóstol Santiago en Hispania, éste regresa a Palestina y es ejecutado por Herodes, hecho que sí se constata  en la Biblia. Tras su muerte, la leyenda habla del traslado de sus restos por vía marítima a Galicia por algunos discípulos suyos. De ello se deriva que hay que diferenciar la predicación de Santiago en España de la del traslado de su cadáver, si bien es de suponer que ambas tradiciones se apoyaron mutuamente.
  La tradición más importante y que origina el fenómeno de la peregrinación es la del reposo en la seo compostelana del Apóstol y que gira entorno a dos elementos: la inventio (hechos que llevaron al descubrimiento del sepulcro de Santiago) y la translatio (la traslación por mar del cuerpo del apóstol desde Palestina a Galicia).

 “Los restos del Apóstol fueron enterrados en Hispania y posteriormente trasladados y escondidos en sus últimos límites frente al mar británico”. Martirologio de Beda el Venerable escrito unos cien años antes del descubrimiento de su tumba.


  La translatio.
  Según los Hechos de los Apóstoles, mientras predicaba Santiago en Jerusalén después de su periplo por Hispania, es apresado por orden de Herodes y decapitado. Es el primer apóstol en sufrir martirio. Una tradición narra que Santiago el Menor recogió la cabeza y la entregó a la Virgen para que la custodiase y que  esta reliquia se encuentra custodiada en la Iglesia de Santiago de Jerusalén del Patriarcado Armenio. En cuanto a su cuerpo, sus discípulos lo recogieron y partieron en un barco a buscar un lugar apropiado para darle sepultura. En esta embarcación mágica que no precisaba tripulación ni guía atravesaron las columnas de Hércules y llegaron hasta las costas gallegas.
  "A lo largo de la historia se ha citado la existencia de reliquias de Santiago el Mayor en varios puntos de Europa, pero ninguna ha alcanzado la tradición de la armenia, salvo una: la depositada en la catedral italiana de Pistoia, extraída de un fragmento del cráneo del Apóstol donado por el arzobispo compostelano Diego Gelmírez a dicha ciudad en el siglo XII. El problema es que aceptar la versión armenia chocaría con la autenticidad concedida a la reliquia de Pistoia que, además, fue utilizada a finales del siglo XIX para confirmar como auténticos por el Vaticano los restos de Santiago conservados en Compostela. Quizá por esto, dos santuarios -el compostelano y el armenio- destinados a mantener una estrecha relación simbólica y espiritual apenas han tenido contactos a través del tiempo". Fuente
  El relato de la translatio no tiene ninguna conexión con la hipótesis emeritense y  la arqueología demuestra que la cámara mortuoria del edículo donde se hallaron los restos del ¿Apóstol Santiago? permanecieron selladas desde la segunda mitad del siglo II hasta su descubrimiento en el siglo IX por el monje Pelayo, lo cual invalida tanto la hipótesis priscilianista como la emeritense.
 “También Fray Justo Pérez de Urbel ha tratado de explicar de una manera racional el milagro jacobeo.
 La tesis de Fray Justo está basada en un descubrimiento arqueológico reciente. Hace pocos años fue hallada en Mérida una inscripción del siglo VII en la que se habla de unas reliquias de varios santos, entre ellos Santiago Apóstol y San Juan Evangelista, que se encontraban en el ara de la iglesia de Santa María. Supone Pérez de Urbel que, cuando los musulmanes se presentaron en la Lusitania, el clero de Mérida huyó a Galicia con todas sus reliquias, se afincaron en Compostela y allí las depositaron en una basílica levantada, como la de Mérida, en honor de la Virgen. La reliquia del Apóstol Santiago habría sido especialmente venerada, hasta un punto en que el fervor en alianza con la fantasía, la habría convertido en un cuerpo íntegro del santo discípulo de Cristo. Este culto, corriendo el tiempo, habría desplazado al de la Virgen.
 Aún considerándola verosímil, Sánchez Albornoz rechaza la hipótesis emeritense y dice: una minúscula reliquia del Apóstol, no habría movido a enterrarse junto a ella al obispo de Iria Teodomiro (acaba de hallarse su lauda sepulcral) ni habría decidido a los reyes a establecer en Compostela el centro religioso de su reino, y los documentos pontificios del siglo pasado registran el hallazgo, bajo el altar de Santiago, de tres esqueletos. (…) No hay base científica sólida, que nos explique el origen del culto a Santiago. Pero en cambio, los descubrimientos arqueológicos del siglo pasado y los actuales informes de Chamoso Lamas, revelan de una forma clara y terminante que en Santiago ya se veneró a un gran personaje antes de la invasión musulmana.
  ¿Era este personaje Santiago el hijo de Zebedeo?” -Victoria Armesto Galicia Feudal-.

  La leyenda más meriodinal de la translatio se sitúa en la ría de Vigo pero no se recoge en el Códex Calixtinus.
 “Los discípulos que traían el cadáver del Apóstol Santiago desde Judea, al llegar a la altura de las Islas Cíes en la entrada de la actual ría de Vigo advirtieron que en la orilla se estaba celebrando en ese momento una boda.
 El padre de la novia, el Señor de la localidad de Maia, había decidido citar en su propiedad a la familia del novio que había venido desde la localidad de Gaia.
 Uno de los juegos que se estaban celebrando durante la fiesta consistía en montarse a caballo y galopar mientras el jinete impulsaba al aire una lanza para tratar de recogerla antes de que cayera al suelo. Cuando le tocó el turno al novio, el joven lanzó su caña de tal modo que ésta se desvió hacia el mar y se introdujo en las aguas para no perderla.
 Desaparecidos caballo y caballero, los testigos vieron asombrados cómo ambos reaparecían más lejos, al lado de la barca que transportaba al Apóstol y que se estaba acercando a la costa. El intrépido caballero se dispuso a saludar a los navegantes y se dio cuenta que tanto él como su caballo tenían muchas conchas de vieira encima.
 Los discípulos de Santiago interpretaron semejante recibimiento como un milagro indudable e invitaron al novio a subir a bordo. Mientras los participantes en la boda esperaban expectantes, el joven y los discípulos estuvieron hablando de lo ocurrido. A resultas de ello el joven decidió convertirse al cristianismo. Los discípulos interpretaron que ese milagro debería de ser perpetuado de alguna forma por lo cual decidieron que todos aquellos que fueran a ir en peregrinación a venerar el cuerpo del apóstol, deberían de llevar una concha de vieira con ellosVid.
  
 Después de la leyenda del milagro de la ría de Vigo, la barca del Apóstol prosiguió su navegación por la ría de Aorousa por Sanxenxo y por el río Ulla hasta llegar a Padrón para continuar después por tierra. Recordemos que Padrón tuvo puerto hasta el siglo XVII, cuando los aluviones del río Sar produjeron la retirada de la ría.
  Una vez amarrada la nave al pedrón, seguimos el relato literal de la translatio que se recoge en el Libro III del CodexCalixtinus:
 "Sus discípulos, apoderándose furtivamente del cuerpo del maestro, con gran trabajo y extraordinaria rapidez lo llevan a la playa, encuentran una nave para ellos preparada, y embarcándose en ella, se lanzan a la alta mar, y en siete días llegan al puerto de Iria, que está en Galicia, y a remo alcanzan la deseada tierra. Y no se ha de dudar que entonces dieron al Autor de las cosas muchísimas gracias y entonaron las merecidísimas alabanzas, tanto por tan gran beneficio como Dios les había concedido, cuanto porque habían evitado sin daño alguno los ataques de los piratas, los peligrosos choques con los escollos y las negras simas de las encrespadas olas. Así, pues, confiados en tal y tan grande protector, dirigen sus pensamientos a las demás cosas necesarias para sus fines e intentan descubrir qué sitio había elegido el Señor para sepulcro de su mártir.
 Emprendida, pues, la marcha hacia oriente, trasladan el sagrado féretro a un pequeño campo de cierta señora llamada Lupa, que distaba de la ciudad unas cinco millas, y lo dejan allí. Inquiriendo quién era el dueño de aquel terreno, lo averiguan por indicación de unos nativos y procuran vehemente y ardientemente encontrar a la que buscaban. Yendo, por último, al encuentro de la mujer a hablar con ella, y contándole el asunto tal como se desarrolló, le piden que les dé un pequeño templo en donde ella había colocado un ídolo para adorarlo, y que era también muy concurrido por los descarriados creyentes de la absurda gentilidad.
  Y aquélla, nacida de nobilísima estirpe, y viuda por intervención de la suerte suprema, aunque se había entregado sacrílegamente a la superstición, no olvidando su nobleza, renunciaba al matrimonio con los que pretendían, tanto nobles, como plebeyos, para que una especie de adulterio no manchase su primer tálamo conyugal. Y considerando ella constantemente sus palabras y su petición, antes de dar respuesta alguna, medita en lo profundo de su corazón de qué manera los entregará a una cruel muerte, y les contesta, por último, ensañándose hipócritamente: "Id, dijo; buscad el rey que vive en Dugio, y pedidle un lugar para disponer la sepultura a vuestro muerto".
  Obedeciendo sus indicaciones, unos velan con el ritual funerario el cuerpo del apóstol en un lugar, y otros llegan lo más rápidamente posible al palacio real, y conducidos a presencia del rey le saludan según la etiqueta regia, y le cuentan en detalle quiénes y de dónde son y por qué habían venido. El rey, pues, aunque al principio de su exposición les oía atento y benévolo, sin embargo, atónito por un increíble estupor, dudando qué había de hacer e inspirado por diabólica sugestión ordena, en el colmo de la crueldad, que ocultamente se les prepare una emboscada y que se mate a los siervos de Dios. Pero, no obstante, descubierto esto por voluntad de Dios, marchándose secretamente, escapan huyendo con rapidez.
 Cuando se informó al rey de su fuga, conmovido por enconadísima ira, e imitando la ferocidad de un león rabioso, con los que estaban en su corte persigue pertinazmente el rastro de los fugitivos siervos de Dios. Y como ya hubiese llegado al extremo de estar a punto de ser muertos a manos de los empedernidos perseguidores, atraviesan, inquietos éstos, tranquilos aquellos, un puente sobre cierto río, y en un solo y mismo momento, por súbita determinación de Dios omnipotente, se resquebrajan los cimientos del puente que atravesaban, y se desploma desde lo alto a lo profundo del río, completamente derruido. Y así el ponderado juicio del Rey Eterno decretó que ni uno tan sólo de toda la turbamulta de perseguidores sobreviviese para contar en el palacio del rey lo que había sucedido.
 Los santos varones, pues, volviendo la cabeza al ruido de las armas y piedras que se desplomaban, ensalzan las grandezas de Dios dignas de ser pregonadas, al ver los cuerpos de los magnates y sus caballos y arreos militares rodar miserablemente bajo las aguas del río, de la misma manera que en otro tiempo lo había experimentado el ejército faraónico. En consecuencia, ayudados y salvados por la auxiliadora diestra de Dios, y animados y enardecidos por aquel suceso, recorren el salvador camino hasta la casa de la citada matrona y le muestran cómo la exasperada determinación del rey había querido perderles con la muerte, y lo que Dios había hecho contra él para su castigo.
 Luego, con insistentes ruegos, le piden que ceda la precitada casa dedicada a los demonios, para consagrarla a Dios. Le aconsejaban e insistían que rechazase aquellos ídolos artificiales que ni podían aprovecharle a ella, ni dañar a otros, ni ver con los ojos, oír con los oídos u oler con la nariz, y que no se servían en absoluto de ninguno de sus miembros. Y su mente conmovida porque ante el hundimiento del rey en el río temía por la muerte de sus parientes y allegados, y por esto incapaz como suele suceder en las cosas humanas, de una sana determinación, tramaba una burda estratagema, simulando, frente a la opinión corriente, no considerarlos como embaucadores.
 Mientras ellos la urgían con sus ruegos con mayor vehemencia todavía, a que suministrase parte del pequeño predio para enterrar el cuerpo del santísimo varón, ideada una nueva y desusada estratagema, creyendo poder matarlos con algún engaño, habló de esta manera:  "Puesto que, dijo, veo vuestra intención tan decididamente inclinada a eso, y que no queréis desistir de ella, id y coged unos bueyes mansos que tengo en un monte, y acarreando con ellos lo que os parezca de más utilidad y cuanto necesitéis, edificad el sepulcro. Si os faltasen alimentos, procuraré liberalmente dároslos a vosotros y a ellos".
 Oyendo esto los apostólicos varones y sin percibir la hipocresía de la mujer, se marchan dando las gracias, llegan al monte y descubren algo distinto que no esperaban. Pues al pisar los linderos del monte, de pronto un enorme dragón, por cuyas frecuentes incursiones se hallaban entonces desiertas las viviendas de las aldeas próximas, saliendo de su propia guarida, se lanza, echando fuego, sobre los santos varones que ardían en amor de Dios, dispuesto a atacarlos y amenazándolos con la muerte. Mas acordándose ellos de las doctrinas de la fe, oponen impávidamente la defensa de la cruz, le obligan a retroceder haciéndole frente y, al no poder resistir el signo de la Cruz del Señor, revienta por mitad del vientre.
  Y terminado este encuentro, levantando los ojos al cielo dan la gracias al Sumo Rey desde lo más hondo de su corazón. Finalmente, para arrojar de allí completamente la multitud de demonios, exorcizan el agua y la esparcen sobre todo el monte por todas partes. Este monte, pues, llamado antes el Ilícino, como si dijéramos el que seduce, porque con anterioridad a aquel tiempo sostenían allí el culto del demonio muchos hombres malhadadamente seducidos, fue llamado por ellos Monte Sacro, es decir, monte sagrado.
 Y al ver desde allí corretear los bueyes que arteramente se les había prometido, los contemplan bravos y mugientes, corneando el suelo con su elevada testuz, y golpeando fuertemente la tierra con las pezuñas. Y de pronto, mientras corriendo unos tras otros por la dehesa representaban una cruel amenaza de muerte con su peligrosísima carrera, tanta mansedumbre y lentitud se apoderó de ellos, que los que al principio se acercaban corriendo para ocasionar una catástrofe impulsados por su atroz bravura, luego con la cerviz baja confían espontáneamente su cornamenta en manos de los santos varones.
  Los portadores del santo cuerpo, acariciando a los animales que se habían convertido de salvajes en dóciles, sin tardanza les colocan encima los yugos y, marchando por el camino más recto, entran en el palacio de la mujer con los bueyes uncidos. Ella, ciertamente, estupefacta, reconociendo los admirables milagros, movida por estas tres evidentes señales, se aviene a su petición, y perdida su insolencia, tras haberles entregado la pequeña casa y haberse regenerado con el triple nombre de la fe, se convierte en creyente del nombre de Cristo con toda su familia. Y así, instruida por inspiración de Dios en las verdades de la fe, destruye y rompe resueltamente los ídolos que antes, engañada por su fantástico error, había adorado humilde y sumisa, y derriba deshace los templos que en sus dominios había. Y cavado profundamente el suelo, tras haber sido aquellos destruidos y convertidos en menudo polvo, se construye un sepulcro, magnífica obra de cantería, en donde depositan con artificioso ingenio el cuerpo del apóstol. Y en el mismo lugar se edifica una iglesia del tamaño de aquél que, adornada con un altar, abre una venturosa entrada al pueblo devoto".
  En resumen, en el Códex se recogen las leyendas del Monte Sacro  (Camino de la Plata, Sanabrés, Invierno); A Ponte Maceira  (Camino a Fisterra) y los bueyes.

   2- La inventio
  La inventio no se menciona en el Códex, se recoge en la Concordia de Antealtares de 1077 que fue un acuerdo entre los rectores de la catedral compostelana encabezados por el obispo Diego Peláez y el abad Fagildo del convento de San Pedro de Antealtares que tenía dos finalidades, una la de fijar canónicamente el relato del descubrimiento de la tumba y por otra parte aclarar los detalles del privilegio que tenía el convento sobre el culto al Apóstol habida cuenta de que con Diego Peláez se inician las obras de la catedral románica circa 1075.
 “El resumen es el siguiente: tras recordar que el cuerpo de Santiago fue inhumado en Galicia, se cuenta que permaneció oculto hasta la época del obispo Teodomiro de Iria Flavia, cuando un ermitaño de nombre Paio observó unas luminarias que pronto llamaron la atención de las gentes próximas y del citado prelado, que tras unos días de ayuno preparándose para la revelación, confirma que se trata del sepulcro de Santiago el Mayor. Se da aviso de lo sucedido al rey Alfonso II el Casto, que acude a ver el sepulcro y manda levantar de inmediato tres lugares para el culto. Son las iglesias de Santiago y San Juan Bautista, ésta posteriormente perdida, y el monasterio de Antealtares, para los monjes custodios, cuyos derechos al respecto establece el propio monarca”. Fuente
   3- Érase una vez.

 “Toda construcción histórica que no quiera confundirse con un relato mítico érase una vez...debe comenzar por el anacronismo de los fenómenos, por las reliquias, y por quienes las han trabajado”. -Gustavo Bueno-
  El milagro medieval que jalona la ruta jacobea, persigue la devoción y la propaganda para atraer, instruir y entretener a los peregrinos que hacían el Camino al servicio de la construcción de un habitus catholicus genuinamente ortodoxo, con la seguridad de que el Apóstol acoge, protege e intercede ante Dios por sus fieles devotos.

  El milagro de nuestro tiempo histórico, por ejemplo, el que se da en Lourdes o Fátima, con curaciones milagrosas de enfermos, irradia una confrontación entre ciencia y fe y expresa el poder omnipotente de Dios mediante la intercesión de la Virgen. En otras palabras, el cientifismo y desacralización del mundo y de la vida, se enfrentan a un Dios tronante, pero sin perseguir pedagogía alguna porque la nueva concepción del mundo es el laicismo y el relativismo axiológico, con los que se pretende circunscribir el hecho religioso al ámbito privado.Vid.
 No puedo estar más de acuerdo con Alberto Solana: “se argumenta demasiadas veces, quizá como salida imparcial, elegante y evasiva que el tema de las reliquias es secundario frente a la vivencia del Camino que hoy se ve prioritaria. La cuestión jacobea no busca establecer prioridades sobre qué es primario o secundario, sino que lo estudia como concepto integral. El Camino de Santiago es cauce de una ruta de peregrinación y contenido ideológico y cultural de la misma, y ambos, cauce y contenido, deben cuidarse, pues definen su identidad geográfica, histórica y cultural”. -El enigma compostelano-.

  No se puede pretender conocer el Everest con un atlas de geografía, ni se puede pretender conocer el Camino haciendo el camino. Solo tenemos personalidad individual y cultural en la medida en que asumimos nuestro pasado, sus valores y símbolos, y somos capaces de reinterpretarlo.(...) El conocimiento es imitación y la única diferencia entre ambos es, según lo que escribió Nietzsche, que la inspiración se sumerge libremente en el vértigo del traslado mientras que el conocimiento intenta fijar la impresión sin metáforas, sufriendo así un proceso de petrificación: queda así expresada y estampada y conservada en forma de concepto. No existe expresividad sin metáfora”-Ricoeur- Vid.
  Todos los expertos que han escrito sobre el Camino de Santiago están de acuerdo en un punto: hubo una ruta anterior al fenómeno de la peregrinación que conducía a gentes de toda laya y condición, al Finisterre, al Ara Solis, a la muerte temporal del Sol, en un viaje de este a oeste por la Galicia mística de los viejos cultos al Sol y a la piedra. Para Sánchez Dragó solo hay tres símbolos del Camino: la concha que nos lleva a Venus, a la pata de oca, al litoral, a la inmersión, al bautismo como un renacer después de volver a respirar; la labra del azabache que nos lleva al paganismo y el báculo que apunta a las estrellas. Todos esos elementos están presentes en la translatio y la inventio conviviendo con viejos cultos y tradiciones. No tendríamos La Regenta sin su adulterio, ni El amor en los tiempos del cólera sin los cincuenta y tres años, siete meses y once días que esperó Florentino Ariza a Fermina Daza. No tendríamos Camino sin las tradiciones de la predicación del apóstol en Hispania y del traslado de su cadáver y sepultura en Santiago.

  Se trata de no des-velar el truco para no quitar la magia y en el camino falsar hipótesis antijacobeas. No podremos nunca prescindir de las reliquias. El Camino nació con pretendida universalidad: “La puerta se abre a todos, enfermos y sanos. Así a los católicos como a los paganos, a judíos, herejes, ociosos y vanos”. En estos términos era alabada en el siglo XIII la hospitalidad de Roncesvalles. La puerta se abre al enigma compostelano desde la fe, el mito (no confundir con leyenda) y el rigor histórico y arqueológico. Credo quia absurdum pero fides quaerens intellectum. Hagamos camino conociendo el Camino. Buen camino.

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