En
definitiva, el concepto de peregrino no puede sustentarse sobre la
base de los kilómetros que recorre ni si lleva consigo su mochila, o
hace el camino con reservas de hospedaje. El peregrino es quien
camina con una motivación religiosa o espiritual.
El
hombre como viajero, caminante o peregrino, es homo
viator. ¿Qué entraña esta sinécdoque, ¿que el hombre está
siempre en camino? Propiamente solo podemos predicar del hombre su
condición de viator
desde
una perspectiva teológica. En palabras de San Agustín: “Señor
nos has hecho para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que
descanse en ti”, en definitiva, el fin del viaje del hombre está
en Dios. Homo
viator requiescat in pace.
En
Hegel, el Espíritu es también camino, y para los cristianos, Cristo
es “el camino, la verdad y la vida”-Jn 14,6. Pero a diferencia
del periplo, del viaje concebido como gesta homérica,
el
viaje desde una perspectiva escatológica, es meta-físico. Ulises y
su hijo Telémaco salen en grupo desde Ítaca para volver a su
patria; el peregrino no planifica su Camino como gesta, sino como
transformación, como Camino de Luz. El caminante en cambio, sí que
lo puede concebir como gesta, como superación, como reto.
No
hay viaje sin camino, sin orientación, sin marcas, sin rumbo, y por
ello, no hay viaje irrepetible, sino todo lo contrario, todo camino
es repetible por muchos caminantes.
De
manera que el concepto de
turigrino en
mi opinión es de aplicación para aquellas personas que ni hacen el
camino por motivación religiosa, ni como homo
viator.
Simplemente por esnobismo, por hacer amistades, por enmarcar una
compostela, por hacer una ruta
del colesterol,
o porque le da la gana. Gozan de todo mi respeto. El
debate para mí y para la inmensa mayoría que entendemos y
respetamos a quienes por falta de tiempo, o cualesquiera razones,
solo realizan un kilómetro 100 (sobre todo desde Sarria), es si la
masificación desvirtúa o no el sentido que le dieron al camino
millones de peregrinos en la Edad Media, y el sentido que le dieron
quienes revitalizaron y rescataron del olvido el Camino, como Elías
Valiña. Vivimos en libertad y cada uno lo hace como quiere, puede o
sencillamente le da la gana. Y no nos pondríamos de acuerdo nunca en
quien es peregrino en el sentido extenso que le damos, porque además
el camino está desacralizado para la inmensa mayoría, por no hablar
del olvido de tramos con gran interés artístico e histórico como el francés entre
Burgos y León. Ese es para mí el debate, si la masificación del
camino, lo ha desvirtuado, le ha quitado su esencia. El Camino ya no
puede volver a esos tiempos en los que dormías en la palloza del
Cebreiro en vida de D. Elías Valiña porque la masificación trae
oportunidad de negocio, vivimos en una economía de libre mercado y
las personas pueden hacer su camino en libertad con sujeción a su
marco de valores, estado físico o simplemente como le dé la gana.
Sobre
el debate de exigir más kilómetros para ganar la compostela con el
fin de evitar la masificación veraniega en el tramo de
Sarria-Santiago, simplemente subrayo que es competencia del Cabildo y
que entre los defensores están por un lado asociaciones que añoran o
tempora o mores!,
y por otro los que defienden determinados intereses
económicos.
Resumiendo, en el Camino conviven caminantes, peregrinos, turigrinos y gentes de
toda laya y condición. El caminante tiene como fin el camino; el
peregrino, la meta, la casa del Apóstol; y el turigrino es quien
hace el camino ni por motivación religiosa, ni como homo
viator, y para nada tienen
que ver ni los kilómetros ni la mochila en este debate. Sin embargo
sí que hay que exigir a todos, respeto con el medio ambiente, con los
demás, con las reglas de juego, con la educación y con la
tolerancia. Ser peregrino y caminante es compatible; ser peregrino o caminante con ser turigrino, es incompatible, tertium non datur, pero la actitud en el camino no debe llevar al rechazo o al conflicto, todos cabemos.
En
definitiva, como dijo Spinoza: “Ni nos reímos, ni nos
entristecemos, ni nos carcajeamos de experiencias humanas,
simplemente tratamos de entenderlas”.
Actualización 2026. Desde hace años, gran parte del debate en torno al Camino de Santiago gira en torno a lo que significa ser peregrino y qué papel juegan los kilómetros y la mochila en esa definición. Tras releer esta entrada y reflexionar sobre las experiencias acumuladas en mis caminos y escritos, quiero actualizarla con una observación que considero ineludible para el peregrino contemporáneo.
Sarria y los 100 kilómetros
En este debate aparece con frecuencia la referencia al tramo de 100 kilómetros desde Sarria hasta Santiago. En mi experiencia, y respaldado por mis observaciones a lo largo de años caminando, investigando y escribiendo sobre el Camino, Sarria es el punto escogido estadísticamente con más frecuencia por caminantes y peregrinos para completar la distancia mínima exigida para la Compostela.
Esto no convierte a nadie en “mejor peregrino” o más válido que otro —como bien exploraba aquí más arriba al diferenciar caminante, peregrino y turigrino—, sino que es un dato de hecho sobre cómo las personas actuales organizan sus rutas: combinan disponibilidad de tiempo, logística y motivaciones. Siguiendo este patrón, muchos eligen Sarria no por snobismo, sino porque satisface de forma práctica la necesidad de completar un tramo significativo sin renunciar a su sentido personal de peregrinación.
Como he señalado en diversas publicaciones y relatos, el verdadero debate no es cuántos kilómetros recorre cada uno ni si lleva o no la mochila, sino la actitud y el sentido con que se hace el Camino. El Camino contiene múltiples significados —religioso, espiritual, iniciático, cultural o deportivo— y todos ellos caben bajo el concepto amplio de peregrinación cuando se vive con conciencia y respeto.