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miércoles, 25 de marzo de 2026

Entre flechas amarillas: El Minero y Las Viudas: historia de dos monumentos...

Entre flechas amarillas: El Minero y Las Viudas: historia de dos monumentos...:     Hay ciudades que se explican en sus calles y otras que se entienden en sus silencios. Puertollano pertenece a estas últimas: su identida...

El Minero y Las Viudas: historia de dos monumentos que nacieron del pueblo de Puertollano

  


 Hay ciudades que se explican en sus calles y otras que se entienden en sus silencios. Puertollano pertenece a estas últimas: su identidad no solo se escribe en los libros de historia, sino también en los espacios que sus vecinos han convertido en memoria compartida. Entre plazas, parroquias y cerros, dos monumentos recuerdan que el progreso tuvo un coste humano y que la gratitud de un pueblo puede expresarse en piedra y bronce.

  El Minero y el Monumento a los Caídos en el Trabajo (conocido popularmente como Las Viudas) no son únicamente obras escultóricas integradas en el paisaje urbano. Son el resultado de una tradición de participación ciudadana profundamente arraigada: la suscripción popular. En ellos confluyen duelo, orgullo colectivo e identidad minera, elementos que han marcado durante generaciones la vida de Puertollano.

  En España existe desde el siglo XIX una tradición de financiación colectiva de monumentos mediante suscripción popular -micromecenazgo como definición que propone la RAE frente al crowfunding que a su vez se diferencia porque suele realizarse online mediante plataformas-. Más que una simple fórmula de financiación, era una forma de participación cívica y expresión de identidad colectiva. La práctica se popularizó durante el siglo XIX con la aparición de una opinión pública más activa. Las instituciones no siempre asumían el coste de homenajes y surgió esta alternativa impulsada por la prensa local, ateneos y círculos culturales, asociaciones obreras y colectivos vecinales. El objetivo era que el monumento naciera del pueblo y perteneciera simbólicamente al pueblo. Los monumentos financiados así suelen reflejar sentimientos profundamente arraigados en la comunidad. 
  En el caso de Puertollano, esta tradición adquirió un significado unido a la minería. Con ello se honraba a los trabajadores fallecidos y se reconocía la profesión del minero. La suscripción popular funcionaba como un ritual comunitario: aportar dinero era para participar en el duelo y en el reconocimiento. El Minero y Las Viudas representan la continuidad de una tradición centenaria en España y, en el caso de Puertollano, contribuyen al relato colectivo y a la memoria viva de la ciudad. Aunque nuestra identidad industrial y petroquímica es significativa, ha sido la minería la que ha calado más hondo en nuestra gente y ha llevado a que estos monumentos surgieran del esfuerzo y reconocimiento de la comunidad minera. 
  Esa memoria minera no solo se conserva en el recuerdo o en los relatos familiares: habita el espacio público y dialoga silenciosamente con los lugares más simbólicos de la ciudad. La figura de El Minero, erguida y vigilante, establece un vínculo con la cercana Ermita de la Virgen de Gracia. Desde su posición, el trabajador del carbón no solo mira y actúa a modo de faro de la ciudad que creció gracias al esfuerzo de generaciones enteras, sino que parece custodiar uno de sus centros espirituales. Es como si el mundo del subsuelo, del esfuerzo y de la dureza cotidiana, se colocara también al servicio de la protección de lo sagrado y lo comunitario participando de la promesa del Santo Voto en favor de la Virgen. 
  Pero la lectura puede invertirse: acaso es la propia Virgen quien vela por el minero, por su memoria y por lo que representa. En esa proximidad física entre monumento y ermita se teje un diálogo silencioso entre la fe y el trabajo, entre el consuelo espiritual y la dureza de la extracción del carbón. Algo parecido sucede con Las Viudas. Su presencia introduce la dimensión más humana del legado minero: el dolor íntimo que acompaña a la épica de su trabajo. Si el minero simboliza la fuerza colectiva que levantó la ciudad, el Monumento a los Caídos en el Trabajo -denominación oficial de lo que en Puertollano todos conocemos como Las Viudas- representa el coste emocional que sostuvo esa misma historia.  Ambos monumentos componen un relato completo de esfuerzo y pérdida, de orgullo y duelo compartido. 

  Junto a la Iglesia de Santa Bárbara -la patrona de los mineros- en el Poblado, el monumento parece encontrar refugio en su ubicación actual. Santa Bárbara es su patrona y ofrece consuelo para quienes viven con el miedo de no ver regresar a los suyos del trabajo bajo tierra. Colocar a La Viudas allí es como cerrar un círculo emocional: a quien antes se le pedía intercesión, ahora se les honra con su ausencia. El monumento representa el dolor de los familiares que no volvieron a ver a los suyos en los accidentes de grisú en las explosiones de El Pozo de Calvo Sotelo de 1953 y 1958. Que estas obras nacieran de iniciativas municipales impulsadas mediante suscripción popular refuerza aún más su significado: no son esculturas impuestas, sino símbolos asumidos. Monumentos que no solo ocupan un lugar en la ciudad, sino también en la conciencia sentimental de Puertollano. 
  Tras esa dimensión simbólica y emocional, resulta necesario detenerse en el origen concreto de estas obras. Conocer las circunstancias históricas que propiciaron su creación permite comprender mejor no solo su significado artístico, sino también el contexto social que impulsó a la ciudadanía de Puertollano a convertir el recuerdo y el duelo en memoria permanente. El 13 de octubre de 1953 tuvo lugar una explosión de grisú en el Pozo de Calvo Sotelo que provocó la muerte de once mineros. Tras el trágico accidente se llevó a cabo una suscripción popular para erigir un monumento en honor de los caídos en el trabajo. El monumento se inauguró el 20 de julio de 1958 y se ubicó entre el Mercado de Abastos y la Plaza de Toros -hoy Edificio Tauro-. El 18 de octubre apenas unos meses después de su inauguración, tuvo lugar una nueva explosión de grisú en el mismo pozo en la que perdieron la vida otros doce mineros. En los primeros años de la década de los 80 -scil. siglo XX- poco después del derribo del coso taurino, se retiró de su emplazamiento por reordenación urbanística, se guardó en los almacenes municipales y en el año 1988 el conjunto fue instalado y reinagurado por el expresidente de Castilla La Mancha José Bono en su actual ubicación en la plaza de Santa Bárbara junto a la parroquia de la barriada de El Poblado. El conjunto escultórico fue obra de Marino Amaya
  El monumento al minero surge en una campaña radiofónica el 15 de diciembre de 1981 para recaudar fondos para salvar la degradada situación de la empresa Calvo Sotelo a la que se acogieron el Ayuntamiento, empresas, colectivos y vecinos de Puertollano con la idea de erigirlo. En enero de 1982 se constituyó la comisión Pro.Monumento, se contactó con el escultor José Noja quien tardó en aceptar el proyecto, pero finalmente aceptó por el alegato que conllevaba implícito de homenaje tanto a la minería como a la ciudad. Se desecharon distintas ubicaciones por parte del escultor (junto alguna torreta minera o en el Paseo de San Gregorio) y a principios de 1983 se iniciaron las obras de acondicionamiento de su emplazamiento actual en el cerro de Santa Ana. El 26 de febrero de 1983 se inauguró el monumento que se alza como un obelisco a modo de monumento conmemorativo y de faro de la ciudad.

  Con el paso del tiempo, la ciudad ha cambiado su fisonomía y su actividad económica, pero estos monumentos permanecen como anclas de la memoria colectiva. No solo recuerdan a quienes trabajaron y murieron en la mina; también evocan una forma de entender la comunidad, donde el dolor compartido se transformaba en homenaje y la gratitud en legado visible.

  El Minero y Las Viudas no son únicamente esculturas urbanas: son la expresión tangible de un sentimiento colectivo que convirtió el recuerdo en presencia permanente. Porque en Puertollano la memoria no se limita a evocarse; se levanta, se contempla y se habita.




domingo, 15 de marzo de 2026

Entre flechas amarillas: Bailar suelto, bailar pegado: noches de discoteca ...

Entre flechas amarillas: Bailar suelto, bailar pegado: noches de discoteca ...:    Durante los años setenta y ochenta salir de discoteca formaba parte del aprendizaje sentimental de muchos jóvenes de Puertollano. Los fin...

Bailar suelto, bailar pegado: noches de discoteca en Puertollano

 

 Durante los años setenta y ochenta salir de discoteca formaba parte del aprendizaje sentimental de muchos jóvenes de Puertollano. Los fines de semana tenían su propio ritual: reunirse con los amigos, pagar la entrada con consumición incluida y esperar a que la música marcara el ritmo de la noche.


 "Los mandamientos eran simples. Para ser un Face -ídolo de la pista de baile- del Odyssey -la discoteca a la que hace referencia Nik Cohn- bastaba con cumplir unas pocas condiciones: ser italiano, tener entre dieciocho y veintún años y poseer el uniforme adecuado. Al menos seis camisas estampadas, cuatro pantalones ajustados, dos pares de mocasines estilo Gucci, dos pares de zapatos de plataforma, un colgante o un anillo... y alguna pieza de oro.

  También había que saber bailar, conducir y defenderse en una pelea. Había que mostrar respeto -casi reverencia- por el Face y desprecio por todo lo demás. Dominar la obscenidad, ser descarado en cuestiones sexuales y, sobre todo, hacerse el duro.

  No había mezclas. Los italianos eran italianos; los latinos, blandos; los judíos, distintos; los negros, según aquel código brutal, nacían para perder. Cada grupo tenía su propio territorio, su estilo, su forma de ser Face. Pero los límites eran claros. Si alguien los cruzaba y se aventuraba fuera de su zona, recibía una paliza, esa era la ley.

  Luego estaban las chicas, pero ellas no eran Faces, no de verdad. A veces -si una tenía suerte- alguno podía fijarse en ella y convertirla en su chica, quizá incluso en su futura esposa. Pero eso era raro. Por lo general su papel era mucho más simple: estar allí. Decorar la entrada o los reservados, llenar la pista de baile, hablar cuando se les hablara y retirarse cuando hiciera falta. En resumen: obedecer y no causar problemas".

  Así describía aquel mundo el periodista Nik Cohn en un artículo publicado en New York Magazine en 1976. Aquella crónica sobre las discotecas de Brooklyn acabaría inspirando la película Saturday Night Fever.

  A  miles de kilómetros de Nueva York, en Puertollano, las discotecas de los años 70 y 80 tenían otra escala de valores y otro lenguaje, pero los jóvenes compartían  la pista de baile y la música, buscando divertirse y ligar. En esta entrada enumeraré -hasta donde me llega la memoria- las discotecas y sus micro-unirversos que marcaron generaciones de puertollaneros.

 Puertollano fue ciudad pionera en la provincia y en casi toda Castilla La Mancha, en la apertura de discotecas a finales de los sesenta (scil. siglo XX). Creo que la primera fue la Posizen (Pues dicen que han abierto una discoteca -ese juego de palabras que le dio publicidad-) ubicada en la calle Gran Capitán. Desconocíamos qué había en su interior porque nos pilló a muchos siendo menores de edad y con el bolsillo tieso, pero sabíamos que tenían acceso hombres y mujeres.

 Seguimos con la lista sin orden cronológico, con la discoteca Impala 2 en la calle Numancia que disponía de dos pistas para bailar suelto y agarrao, en la que se celebraron conciertos en directo de artistas reconocidos y se acogían actos institucionales.

 La discoteca Anabel estaba ubicada en la calle Juan Bravo junto a la cafetería Cecil, propiedad de Cecilio, un albañil que se convirtió en constructor tras ganar un premio de lotería. La cafetería Pop´s en el Plazolete Patón dispuso de una pequeña pista de baile en el fondo, muy  recogida y destinada a las parejas para bailar el lento. Sus propietarios eran los futbolistas del Calvo Sotelo Portilla y Posada.

 En los bajos del Tauro -el Edificio de la Plaza de Toros- abrió la discoteca Drag con decoración de estalactitas y estalagmitas. La discoteca Nausícaa ubicada en la calle Numancia cerca del mercado de abastos, llegó a ser la favorita durante años de la fauna nocturna y de los alumnos del Fray Andrés los viernes por la tarde-noche con precios especiales de taquilla, y llegó a ampliar sus instalaciones con un local colindante.

 La discoteca Trazos situada en la calle Muelle abrió sus puertas en los ochenta. El local era muy amplio y se celebraban bodas y acontecimientos sociales. También hubo discotecas de verano como la de la avenida de Ciudad Real que disponía de asador al aire libre, estaba un poco más abajo del hotel Cabañas.

 A pesar de las diferencias de escala y de ambiente como el mundo que mostraba Fiebre del Sábado Noche, las discotecas de Puertollano también tenían sus propios rituales. La música marcaba el ritmo de la noche. Primero venían las canciones rápidas -el suelto-, las del boogie -mueve el esqueleto- con coreografías totalmente improvisadas y donde la técnica consistía únicamente en mover el cuerpo. Luego llegaba el momento esperado: el lento. Entonces cambiaba todo. Las parejas ocupaban la pista y quienes no tenían con quién bailar -lo que en el fondo significaba no haber ligado-, se retiraban hacia la barra o a las mesas para tomarse la consumición incluida en el precio de la entrada, casi siempre un refresco, una cerveza o un cubata. Era una pausa reglamentada que se aprovechaba igualmente para fumar.

 De manera que bailar pegados no era solo bailar, era una forma de acercarse,  porque la música, con muchos vatios, obligaba a hablar al oído,  susurrar y tantear a la chica. Para muchos era el primer gesto de noviazgo que se consolidaba paseando juntos en el Paseo de San Gregorio. Más de una pareja empezó así, con un , vamos a bailar pegados. Luego, la distancia permitida entre los cuerpos marcaba, a su manera, nuestro propio “solo sí es sí”.

  Con el paso de los años muchos de aquellos locales desaparecieron o cambiaron de uso, y la música dejó de sonar en sus pistas. Sin embargo, durante dos décadas fueron escenarios fundamentales de la vida social de la ciudad.

 Allí aprendimos a salir de noche, a bailar, a observar desde la barra, a esperar el momento oportuno para invitar a alguien a la pista cuando empezaba el lento. Porque en aquellas discotecas el baile no era solo baile: era conversación, curiosidad, timidez e intento fallido o triunfal.

 Y así, entre canciones rápidas y lentas que obligaban a acercarse para hablar al oído, comenzaron muchas historias. Algunas duraron solo una noche; otras continuaron después en los paseos por el Paseo de San Gregorio y terminaron convirtiéndose en noviazgos, matrimonios o recuerdos que todavía hoy regresan cuando vuelve a sonar una vieja canción de discoteca.

sábado, 14 de marzo de 2026

Entre flechas amarillas: La Operación Mina: cuando la radio hizo un milagro...

Entre flechas amarillas: La Operación Mina: cuando la radio hizo un milagro...:   A comienzos de la década de 1950, cuando la televisión aún no había entrado en la mayoría de los hogares españoles, la radio era algo más ...

La Operación Mina: cuando la radio hizo un milagro civil en Puertollano

  A comienzos de la década de 1950, cuando la televisión aún no había entrado en la mayoría de los hogares españoles, la radio era algo más que un medio de información o entretenimiento. Era un espacio común de emoción colectiva, un lugar donde las historias podían viajar de casa en casa y donde, en ocasiones, las palabras pronunciadas ante un micrófono tenían la capacidad de movilizar a todo un pueblo.

 En aquella España que empezaba a salir lentamente de la posguerra, las emisoras locales -muchas de ellas parroquiales-  se convirtieron en auténticos centros de vida social. A través de sus ondas circulaban noticias, canciones, concursos y también llamadas a la solidaridad. A veces bastaba una historia bien contada para que la comunidad respondiera.

  Puertollano no fue una excepción. En 1952, la llegada de un joven sacerdote, Don Pedro Muñoz Fernández, con una pequeña emisora de onda corta en la maleta, marcaría el comienzo de una experiencia radiofónica singular. Aquella emisora parroquial, nacida casi de manera artesanal, terminaría convirtiéndose en el altavoz de una de las movilizaciones solidarias más recordadas de la ciudad: la llamada Operación Mina.



  A finales de 1951, una grave enfermedad de Don Daniel -uno de los coadjutores de Don José María-, que con el tiempo llegaría a ser uno de los grandes impulsores del Instituto Fray Andrés y de la Escuela de Maestría Industrial de Puertollano, hace que el obispo Don Emeterio envíe para sustituirlo en la Asunción a Don Pedro Muñoz Fernández, que llegó a nuestra ciudad en 1952 con una emisora de radio de onda corta en la maleta y con una autorización administrativa para funcionar. Nacía así Radio Puertollano, emisora parroquial. Poco después y gracias a la colaboración de Don Alfredo Porras, a la sazón dueño del Gran Teatro, la Plaza de Toros y de algunas minas, se instaló en uno de los locales del Teatro la emisora, y se unió como colaborador, Don José Luis Ortuño, el cura de la Calvo Sotelo.

 La España del transistor ya había aprendido que la radio podía producir pequeños milagros civiles. En la película Historias de la radio de José Luis Saenz de Heredia de 1955 se da eco al medio como un poder amplificado capaz de movilizar a la sociedad. Pepe Isbert protagoniza uno de sus episodios y como veremos,  participó igualmente en la Operación Mina liderada por Don Pedro. Ese cine reflejaba algo real: en los años 50 la radio era el gran espacio emocional de la sociedad española. No había televisión al menos extendida aún, y la prensa escrita carecía de la inmediatez que requería una sociedad en plena evolución.

 En los años 50 y 60 (scil. siglo XX), la Iglesia comenzó a coordinar las numerosas emisoras parroquiales y diocesanas que existían por todo el país. Ese proceso acabaría cristalizando en la cadena COPE y la de Puertollano fue una de las pioneras. Los obispos terminaron por hacer suya la filosofía de párrocos como Don Pedro y vieron una oportunidad para crear una radio popular, católica y con capacidad de movilización social.

 El contexto político también es importante subrayarlo. Durante el franquismo, el Estado promovía una retórica de solidaridad nacional y la Iglesia tenía un gran peso institucional. Las campañas benéficas públicas eran habituales y conseguían ayuda real a personas o comunidades en crisis, movilización moral y religiosa y un refuerzo del imaginario comunitario. La radio era perfecta porque llegaba a pueblos pequeños, generaba emoción inmediata y permitía la participación social.

 En ese ecosistema mediático y cultural aparece la Operación Mina que encajaba perfectamente con la España de la época, y con un guión sociológico que ya funcionaba. Una desgracia colectiva (la desaparición del Barrio Minero Muelle María Isabel de Asdrúbal por el desbordamiento del río Ojailén en la que 500 familias perdieron sus casas), un intermediario carismático -Don Pedro-, la radio amplificando el relato con la ayuda del diario LANZA y una comunidad respondiendo con fe y solidaridad.

 Vamos a destacar la figura de Don Pedro Muñoz Fernández, su visión del Puertollano que le tocó vivir y que describió en su libro Operación Mina. Ed. La Económica de Puertollano 1978  reeditada en 2022, sus anécdotas -conocido como el cura de la radio, por sus tacones, y por su loro-, su campaña en favor de conseguir fondos para las viviendas de los mineros, y por conseguir llevar la imagen de la Virgen de Gracia a las minas, episodio que tuvo que sortear la oposición del Arcipreste Don José María (a quien en su libro lo cita como el Jefe) porque entendía que el estado de conservación no era el adecuado y el camino estaba lleno de obstáculos en su recorrido. El 19 de noviembre de 1961 la Virgen visita las minas y se oficia una misa con su imagen presente en la que el protagonismo corre a cargo del Arcipreste, el Jefe, quien impidió que Don Mariano Mondéjar, el cura titular de la barriada minera la oficiara. En palabras de Don Pedro, "Que la misa la digo yo; yo soy el arcipreste y no está bien que la misa no la diga yo" (Ibídem op. cit.)

  En el tramo entre los pozos Elorza y Argüelles,  una encina arañó la cara de la Virgen y en las maniobras para retirarla del ramaje, la imagen perdió un dedo. Don José María refunfuñando le recriminó al cura del loro que ya se lo había advertido lo que podía pasar y a ver qué iba a decir ahora la radio (Sic).

  El Obispo y el Gobernador Civil presidieron el retorno de la Virgen a su ermita con un gran clamor y  fervor popular y con las calles abarrotadas de gente. Podemos afirmar que Puertollano vivió un acontecimiento histórico, la Virgen había visitado los pozos y a los mineros, y su vuelta al camarín había concentrado a las máximas autoridades de la provincia.

  Hay que separar pues la operación mina y su recolecta, de la visita de la Virgen al Ojailén cuyo desbordamiento había provocado toda la operación. La visita de la Virgen reactivó la tradición de los votos comunitarios, tenía algo de rito colectivo, de promesa cumplida y de súplica compartida, no era una imagen extraña en la historia de Puertollano.

  La visita de la Virgen a las minas en 1961, impulsada por Don Pedro Muñoz y amplificada por las ondas de Radio Puertollano, parecía situarse en esa misma lógica cultural: una comunidad golpeada por la adversidad que recurre a su patrona y convierte el gesto religioso en un acto de cohesión social. Como en los antiguos votos, la fe se mezclaba con la necesidad, la emoción popular y una voluntad colectiva de reconstrucción. En palabras de Don Pedro: "La operación Mina no fue un algo maravilloso para verlo solo desde fuera. Hay que verlo desde dentro, como hay que ver y entender lo de la peste" (Ibídem op. cit.).

 El loro de Don Pedro con el tiempo en los 70, llegó a convertirse en metáfora de su proyecto, el loro como término lo importa la sociedad de la jerga carcelaria, pero su loro fue un regalo de un emigrante que a su vuelta de vacaciones para ver a sus padres se lo regaló, "un loro..., a mí...¿Para qué?"

  Lo del loro se hizo famoso,  circulaba entre el vecindario que contaba chistes, y también se le atribuyó una anécdota de que iba a ser subastado y que soltó por el micrófono: "Eso tu suegrrra, tu suegrrra, ¡guarro!" Pero según nos cuenta Don Pedro, el loro no decía ni pío.

  Asdrúbal era la barriada tradicional de las viejas minas y Don Pedro organizaba festivales de caridad para los mineros, una forma de apostolado que posteriormente vendría refrendado por el Concilio Vaticano II (entre 1962 y 1965). De alguna manera nuestro cura de la radio fue un adelantado. Los jueves se hacía una tertulia con concursos de cante y fruto de esas emisiones nació el espacio Llamaron a una puerta que consistía en que colaboradores salían a los arrabales de la ciudad, llamaban a una puerta al azar y volvían al estudio contando lo que habían visto. También se hacían colectas y el cura tenía sus propios peregrinos de la caridad. La arquitectura solidaria ya estaba vertebrada.

  Cuando el Ojailén se desbordó dejando a 500 familias sin hogar, tan solo había que conseguir llevar al Gran Teatro a los artistas famosos bautizados como los Peregrinos de la Caridad  por el cardenal de Santiago de Compostela, que ya habían participado en otras capitales y pueblos. De las vicisitudes, dificultades y la acogida da cuenta en su libro citado Don Pedro. Se recaudó medio millón de pesetas de la época y el 23 de febrero de 1962 se constituyó el Patronato de la Operación Mina para viviendas de necesitados en Puertollano, que surgió como continuación de la operación benéfico-social de la misma con la finalidad de administrar los fondos recaudados. Los actores participantes fueron los siguientes:

  Don Pedro Muñoz Fernández nace en Socuéllamos el 19 de enero de 1912, canta su primera misa en su Iglesia Parroquial en 1936, y en 1952 llega a Puertollano, ciudad en la que se jubiló regresando a su pueblo natal en 1983. Junto a su labor pastoral ejerció las tareas radiofónicas, fue un buen escritor, y fue miembro de la Sociedad General de Autores Españoles.

  Visto con perspectiva del tiempo, la Operación Mina fue mucho más que una colecta para reconstruir viviendas. Fue también una demostración del poder social de la radio en una España que todavía no conocía la televisión como medio dominante.

  En cierto modo, la historia volvió a repetirse fuera de la pantalla: como en aquel episodio de Historias de la radio, donde Pepe Isbert encarnaba al hombre sencillo cuya suerte dependía de las ondas. Puertollano descubrió que la radio podía convertir una desgracia local en una causa compartida. La Operación Mina fue, así, uno de los primeros ejemplos en España de movilización solidaria a través de la radio: un micrófono, una historia que conmueve y una comunidad que responde. Y detrás de aquel pequeño milagro civil estaba la intuición de un cura con un loro, una emisoria parroquial y la convicción de que las ondas podían llegar más lejos que las campanas de cualquier campanario.

 Fuente de las fotos y de las citas de esta entrada: MUÑOZ FERNÁNDEZ, Pedro: Operación Mina Ed. La Económica de Puertollano 1978  reeditada en 2022

lunes, 9 de marzo de 2026

Entre flechas amarillas: Puertollano, el pueblo de las dos mentiras

Entre flechas amarillas: Puertollano, el pueblo de las dos mentiras:   Entre el puerto y el llano, Puertollano arrastra dos mentiras que quizá convenga no desmentir demasiado.  Puertollano abre las puertas al ...

Puertollano, el pueblo de las dos mentiras



 Entre el puerto y el llano, Puertollano arrastra dos mentiras que quizá convenga no desmentir demasiado.


 Puertollano abre las puertas al Valle de Alcudia. Desde la Chimenea Cuadrá se pueden observar los afluentes del Guadiana al norte —el río Tirteafuera— y del Guadalquivir al sur —el río Ojailén—.

 Entre esos dos valles y entre los cerros de Santa Ana y San Sebastián se levanta la ciudad en el llano. Pero quien contemple ese paisaje sin demasiado rigor geográfico puede llegar fácilmente a una conclusión curiosa: que Puertollano es el pueblo de las dos mentiras.

 Puertollano abre las puertas al Valle de Alcudia. Desde la -Chimenea Cuadrá- se pueden observar los afluentes del Guadina al norte -río Tirteafuera- y del Guadalquivir al sur -río Ojailén-. Entre esos dos valles y entre los dos cerros, Santa Ana y San Sebastián, se levanta la ciudad en el llano, aunque hoy con una densidad apreciable de viviendas en ambos cerros que te hace perder la mirada hacia calles empinadas. Desde la Glorieta de la Virgen de Gracia, el punto más emblemático de la ciudad, -junto al de la Fuente Agria-, la calle de la Copa, con el Instituto Fray Andrés y las piscinas municipales, ofrece un daguerrotipo que salvo que lo contemplemos con rigor geográfico, nos lleva a la conclusión de que  es el pueblo de las dos mentiras. 

 La ubicación histórica del pueblo confirma que, en realidad, el topónimo Puertollano nace de la conjunción de las dos singularidades aludidas y por tanto, es puerto y es llano. Pero la ciudad arrastra el sanbenito como una de esas pequeñas mentiras que, repetidas mil veces, acaban tomando apariencia de verdad. Y sin embargo, pensándolo bien, tampoco conviene desmentirla, porque hay mentiras que sin quererlo, hacen una publicidad inmejorable. 

 Si alguien llega a Puertollano atraído por ellas, pronto descubrirá otras mentiras igualmente sospechosas: que aquí se encuentran algunas de las mejores tapas de los bares de España, que tenemos uno de los paseos más agradables para la conversación, o que en cualquier banco de San Gregorio, en la solana en invierno o en la fresquita en verano, aparece alguien dispuesto a conversar y a contarte una historia. En Puertollano no se necesita guasap porque tiene mucha guasa

 Y así son nuestras mentiras en Puertollano: vienen por curiosidad...y acaban quedándose por las verdades. Así que por favor, no se molesten en desmentir nuestras mentiras: bastante trabajo tienen ya en seguir trayéndonos visitantes. Y si quieren un poco de polémica añadida, circula una tercera mentira que acompaña a nuestro sanbenito: los de Repsol, no ganan, lo que dicen que ganan. Es nuestra forma particular de hermanarnos con Santillana del Mar.

domingo, 8 de marzo de 2026

Entre flechas amarillas: De Nicea a Calcedonia: la maduración dogmática de ...

Entre flechas amarillas: De Nicea a Calcedonia: la maduración dogmática de ...:  La historia de la patrística posterior al Concilio de Nicea constituye uno de los momentos intelectuales más fecundos del cristianismo anti...

De Nicea a Calcedonia: la maduración dogmática de la patrística

 La historia de la patrística posterior al Concilio de Nicea constituye uno de los momentos intelectuales más fecundos del cristianismo antiguo. Si Nicea (325) afirmó solemnemente la divinidad del Hijo frente al arrianismo, no puso fin a las discusiones teológicas, sino que inauguró un largo proceso de clarificación conceptual y doctrinal. Durante más de un siglo, teólogos, obispos y concilios se esforzaron por precisar el lenguaje con el que la Iglesia debía expresar los dos grandes misterios de la fe cristiana: la Trinidad y la Encarnación.

  Entre Nicea y Calcedonia (451) se desarrolló así una intensa actividad teológica en la que confluyeron reflexión filosófica, controversia doctrinal y decisiones conciliares. Los Padres Capadocios contribuyeron decisivamente a estabilizar el lenguaje trinitario, mientras que las controversias cristológicas del siglo V obligaron a precisar cómo se unen en Cristo la naturaleza divina y la naturaleza humana. El resultado de este proceso fue la formación de un marco doctrinal que marcaría de forma duradera el pensamiento cristiano.

  Tras el Primer Concilio de Nicea (325), la patrística entró en una etapa de maduración dogmática que se caracterizó por la formulación canónica de los grandes dogmas cristianos. La reflexión teológica se centró especialmente en tres grandes cuestiones: la definición de la Trinidad, la relación entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y la cristología, es decir, la determinación de la naturaleza y la identidad de Cristo.

  Lejos de cerrar las discusiones, Nicea abrió un largo período de controversias teológicas en torno a la interpretación del término homoousios y a la relación entre las Personas Divinas. Durante el siglo IV persistió una considerable confusión terminológica en torno a conceptos fundamentales como ousía -esencia-, hipóstasis -realidad personal- y  prósopon  -alusión a la Santísima Trinidad-, términos que no siempre se utilizaban con precisión uniforme.

  En este contexto desempeñaron un papel decisivo los Padres Capadocios entre 360-390 cuya labor fue de arquitectura del lenguaje, parafraseando a Ortega y Gasset a propósito de la filosofía, su claridad y trascendencia fue la cortesía para con la teología. Sus principales representantes fueron Basilio de Cesarea, Gregorio de Nisa y Gregorio Nacianceno quienes propusieron una fórmula que acabaría imponiéndose: una sola ousía y tres hipóstasis, es decir, unidad de la naturaleza divina y distinción real de las Personas Divinas, que se adoptó canónicamente en el Primer Concilio de Constantinopla del 381 que confirmó y desarrolló la doctrina trinitaria definida en Nicea contribuyendo decisivamente a la estabilización del lenguaje teológico sobre la Trinidad.

  Cada uno de los padres Capadocios contribuyó de manera particular a esta clarificación teológica. Basilio de Cesárea desarrolló una defensa sistemática de la divinidad del Espíritu Santo distinguiendo entre ousía e hipóstasis; Gregorio de Nisa profundizó filosóficamente en la unidad de la naturaleza divina y en la distinción de las Personas Trinitarias, y Gregorio Nacianceno destacó en la precisión teológica sobre la Trinidad.

  De San Gregorio Nazianceno tenemos sermones, cartas y poesías; San Basilio de Cesárea delinea la concepción del mundo cristiano en sus homilías sobre las obras de los seis días de la Creación -Hexameron- y San Gregorio de Nisa nos proporcionó una doctrina sobre Dios, el hombre, el alma y la inmortalidad en su obra Gran Catequesis, y en Vida con Macrina donde narra la vida ascética de su hermana quien renuncia a las riquezas y decide vivir en castidad, y donde trata la resurrección y la vida después de la muerte.

 Una vez clarificado en gran medida el problema trinitario, la reflexión teológica se desplazó progresivamente hacia la cristología, es decir, hacia la cuestión de cómo se relacionan en Cristo la naturaleza divina y la naturaleza humana. Durante los siglos IV y V este problema generó intensos debates teológicos que implicaron a importantes figuras como Cirilo de AlejandríaNestorio y el papa León I el Magno.

  En el siglo IV se continúa la lucha contra el arrianismo incluso después del Primer Concililio de Nicea. En el 381 se consolida la doctrina trinitaria en el Primer Concilio de Constantinopla -Padres Capadocios-. En el siglo V el debate teológico tiene que combatir nuevas controversias y herejías como el nestorianismo, el cual se condena en el Concilio de Éfeso del 431. El principal protagonista fue Nestorio y su principal oponente Cirilo de Alejandría.

 El Concilio de Éfeso del 431 establece la unidad de la Persona de Cristo y reconoce a María como Theotokos.  La controversia cristológica del siglo V enfrentó principalmente a Nestorio, patriarca de Constantinopla y a Cirilo de Alejandría. El núcleo del debate era cómo entender la unión entre la naturaleza divina y la humana en Cristo. Nestorio tendía a distinguir fuertemente ambas naturalezas, lo que llevaba a interpretar a Cristo casi como la unión de dos sujetos distintos, uno divino y otro humano. Por ello rechazaba llamar a María Theotokos -madre de Dios-, acuñando el término Christotokos -madre de Cristo-. Cirilo en cambio defendía la unidad personal de Cristo, es decir, que el Verbo de Dios se encarnó verdaderamente en Cristo y en consecuencia tanto la naturaleza divina como la humana están unidas en Él en una sola Persona, y ello sostenía y legitimaba el título de Theotokos a la Virgen María. La controversia se resolvió en Éfeso en el 431 en favor de Cirilo.

  Entre las figuras más influyentes de la patrística tardía destaca pues, Cirilo de Alejandría, y no hay que contemplarlo solo como el rival de Nestorio sino como uno de los principales teólogos cristológicos heredero de la tradición teológica alejandrina.

  Tras la condena del nestorianismo en el Concilio de Éfeso (431) y la afirmación de Cirilo sobre la unidad de la Persona de Cristo, surgió un nuevo problema: algunos teólogos temían que esta unidad condujera a una confusión de naturalezas. De esta forma nace el monofisismo defendido por Eutiques quien defendió que en Cristo existe una sola naturaleza, principalmente divina tras la Encarnación porque la humana fue absorbida por la divina, que venía a ser una exageración de la unidad de Cristo.

  La reacción ortodoxa vino de León I el Magno en Tomus ad Flavianum defendiendo la doctrina de las dos naturalezas completas en una sola persona -divina y humana- sin mezcla ni confusión, posición que fue confirmada en el Concilio de Calcedononia en el 451, donde se estableció la definición clásica de Cristo: "una sola persona en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división y sin separación".

  Con las definiciones de Calcedonia suele considerse cerrada la gran etapa de formación doctrinal de la patristica. A partir de entonces la reflexión teológica cristiana herederá un marco doctrinal estabilizado en torno a los dos grandes misterios: la Trinidad y la Encarnación de Cristo.

  La patrística entre Nicea y Calcedonia, no ha de resumirse en los Padres Capadocios y Cirilo. Hubo otros padres destacados. Juan Crisóstomo gran predicador e interprete pastoral de la Escritura, Jerónimo de Estridón su traducción de la Biblia al latín, conocida como la Vulgata tuvo una influencia decisiva en la tradición cristiana occidental, Agustín de Hipona quien marcó el desarrollo posterior de toda la teología cristiana y Teodoreto de Ciro participante en las controversias que condujeron a Calcedonia.

 Las definiciones doctrinales de Calcedonia suelen considerarse el punto culminante de este largo proceso de elaboración teológica iniciado tras Nicea. En ellas quedó formulado de manera clásica el equilibrio dotrinal que la Iglesia había buscado durante más de un siglo: la confesión trinitaria y la afirmación de Cristo como una sola persona en dos naturalezas.

  Sin embargo, este período no puede comprenderse únicamente a través de los grandes concilios o de las principales controversias. Fue también la época de algunos de los Padres más influyentes del cristianismo antiguo -tanto en Oriente como en Occidente- cuyas obras teológicas, pastorales y exegéticas modelaron de forma decisiva la tradición cristiana posterior. La presencia conjunta de figuras como Basilio, Gregorio de Nisa, Gregorio Nacianceno, Juan Crisóstomo, Jerónimo, Agustín o León Magno recuerda además una realidad histórica fundamental: a pesar de las tensiones doctrinales y de las diferencias culturales entre las diversas regiones del mundo cristiano, la Iglesia de estos siglos seguía siendo aún una sola.

viernes, 6 de marzo de 2026

Entre flechas amarillas: Puertollano y su Terri: memoria de cenizas y sombr...

Entre flechas amarillas: Puertollano y su Terri: memoria de cenizas y sombr...:    En Puertollano, el Terri no es solo una montaña: es un dragón dormido sobre la llanura, testigo de la prosperidad que alguna vez llenó la...

Puertollano y su Terri: memoria de cenizas y sombra de futuro

 

 En Puertollano, el Terri no es solo una montaña: es un dragón dormido sobre la llanura, testigo de la prosperidad que alguna vez llenó la ciudad de humo y carbón. Sus laderas guardan historias de trabajo, fatiga y crecimiento; su silueta negra recuerda que el tiempo convierte la industria en memoria y la memoria en mito. Intentaron domesticarlo con parques y senderos, pero el dragón de escorias es paciente: devora proyectos, observa generaciones y mantiene la ciudad siempre bajo su sombra. Entre lo que fue, lo que queda y lo que está por venir, el Terri sigue siendo el guardián silencioso de Puertollano, recordando que incluso en la crisis late la memoria de su pasado y la incertidumbre del futuro.

  El Terri no es solo una montaña artificial de escoria minera. Tampoco es el dragón que parecía dormir a las afueras de la ciudad, esperando el tributo de doncellas y que, en su lugar, terminó devorando a quienes rebuscaban carbón entre sus laderas, víctimas de las emanaciones de monóxido de carbono y de la inestabilidad del terreno.

  El Terri es un punto de referencia vital. La montaña negra que guarda la entrada al Valle de Alcudia y que durante décadas vigiló a Puertollano, una ciudad que vivía del carbón. Es, literalmente, el residuo físico de ese pasado: una montaña levantada por el trabajo de miles de personas y que, todavía hoy, sigue representando el desarrollo y la memoria industrial de la ciudad. El Terri de mi infancia era una criatura viva que desprendía humo y gases, hoy es un parque periurbano con un camino que permite el acceso a la coronación de la montaña convirtiéndola en mirador de la ciudad y de su entorno desde su inauguración en 2010. Ha caído en un estado lamentable de abandono y desidia, y desde ciertas plataformas se  pide que vuelva a su estado de escombrera.

  Creyeron haber  domado al dragón de escorias levantando senderos y miradores sobre su lomo, pero el Terri, paciente y antiguo, acabó devorando los proyectos políticos que pretendían convertirlo en parque. Ahora, alrededor de sus escorias, vuelven a brotar proyectos industriales, como si el paisaje corrigiera al experimento. El futuro parque empresarial que ocupará la acería verde -si prosperan el proyecto y su viabilidad económica- recibirá el nombre de Agustín Escobar y nuestro dragón particular está a la espera del contencioso por la titularidad de los terrenos que reclaman los propietarios del Terri y la Central para que reviertan al dominio público.

 El nombre del dragón deriva del francés terril que se daba a estas escombreras de formas marcadamente cónicas, denominándolas oficialmente la SMMPTerril Central según investigación de Lorenzo Agudo. Hoy, el apartadero Calatrava con sus edificios abandonados, conserva una belleza silenciosa, la central termoeléctrica de Peñarroya de 1917 fabricada en ladrillo con amplios ventanales, se ha convertido en el Palacio de Congresos de Puertollano y pese a su falta de mantenimiento, se da una actividad cultural intermitente.

  Nuestro dragón particular, el Terri, sigue observando todo desde su lomo de escorias. Los proyectos vienen y van, algunos prosperan, otros se quedan en promesas políticas, pero él permanece paciente y eterno con la quietud de quien ha visto pasar generaciones y sabe que la ciudad siempre intentará reinventarse a su alrededor. Su presencia nos recuerda que Puertollano no olvida, que incluso en la crisis late la memoria del pasado, y la incertidumbre del futuro industrial, se ve siempre a través de su sombra.

miércoles, 4 de marzo de 2026

Entre flechas amarillas: El Santo Voto de Puertollano: milagro, memoria y p...

Entre flechas amarillas: El Santo Voto de Puertollano: milagro, memoria y p...:     El Santo Voto de Puertollano no es solo una fiesta. Es la cristalización de un esquema religioso profundamente medieval: crisis, invocac...

El Santo Voto de Puertollano: milagro, memoria y pacto con la Virgen

 


  El Santo Voto de Puertollano no es solo una fiesta. Es la cristalización de un esquema religioso profundamente medieval: crisis, invocación, intervención y promesa. Lo que ocurrió en 1348, en plena peste negra, no fue únicamente la supervivencia de trece familias; fue la construcción de un relato fundacional que convirtió un hecho histórico en memoria ritualizada.

  Para comprenderlo en toda su dimensión, conviene retroceder al siglo XIII, cuando Gonzalo de Berceo fijó en castellano, en sus Milagros de Nuestra Señora, el modelo literario del milagro mariano: peligro colectivo, súplica, intervención de la Virgen y cumplimiento de un voto. Puertollano no inventa el esquema; lo hereda, lo adapta y lo convierte en identidad propia bajo la advocación de la Virgen de Gracia.

  El Santo Voto es, así, algo más que tradición: es un pacto simbólico que liga a una comunidad con su pasado, con su fe y con su propia supervivencia.

  Lo fundamental de María en relación con los creyentes es su maternidad, la de ser Madre del pueblo fiel, como intercensora como signo materno de la misericordia del Señor. En Milagros de Nuestra Señora Gonzalo de Berceo, clérigo secular del Monasterio de San Millán de la Cogoya entre 1246 y 1252 compila 25 milagros de la Virgen usando como fuentes los milagros marianos escritos en latín y que circulaban por el siglo XIII. Y lo hace en castellano medieval con fines pedagógicos y paremiológicos -refranes, aforismos populares- para conseguir una mayor devoción a la Virgen. En Yuso, la advocación mariana era y sigue siendo la Virgen del Portal, patrona de San Millán de la Cogoya. Ese mismo esquema es el que encontramos siglos después en Puertollano.

  La estructura típica es: situación de peligro o crisis colectiva, enfermedad, guerra, hambre o amenzaza sobrenatural, se invoca a la Virgen con oraciones colectivas y promesas explícitas, se produce una intervención milagrosa y se cumple un voto: fundación de ermita, procesión anual, ofrendas perpetuas y memoria ritualizada. El milagro no termina con la salvación, sino con el voto por el que una comunidad queda ligada a la Virgen por un pacto simbólico.

 El Santo Voto no surge como hecho aislado, sino dentro de una tradición peninsular ya consolidada en el siglo XIII, cuando Gonzalo de Berceo fija literariamente el esquema del milagro mariano: crisis, invocación, intervención y voto. Puertollano se inserta así en una corriente devocional de larga duración. Supone un acto jurídico-religioso, un gesto de identidad colectiva y un relato fundacional.

 Desde una perspectiva filosófica, resulta iluminadora la distinción propuesta por Gustavo Bueno entre  el milagro material, que es un hecho extraordionario en sí, un suceso que rompe el curso de los acontecimientos con una curación inexplicable, el fin repentino de una peste o una salvación colectiva inesperada, y el milagro formal que es la interpretación religiosa del hecho atribuyéndoselo a la intervención divina y que queda fijado en la memoria colectiva y en un rito. El milagro formal es el que funda el compromiso y las instituciones encargadas de mantener las promesas de la colectivadad agraciada con el suceso milagroso. En resumen, desde una perspectiva filosófica, podemos distinguir entre el milagro material -la desaparición de la peste- y el milagro formal -la interpretación religiosa que fija el acontecimiento en rito y memoria-.

  El milagro material en el Santo Voto (como detallaremos más adelante habrá un segundo milagro) es la desaparición de la enfermadad -la peste negra- que podría explicarse por causas naturales o por inmunización sobrevenida. Desde un punto de vista filosófico, el milagro material no implica hecho religioso. Pero las trece familias supervivientes atribuyeron su salvación a la intervención de la Virgen de Gracia y entonces formularon el voto y establecieron el rito anual y el compromiso de mantenerlo. El milagro formal es pues la formulación religiosa de un acontecimiento crítico que se reconstruye narrativamente cada año en la ciudad de Puertollano. El milagro no fue solo sobrevivir, sino decidir recordarlo.

  El Santo Voto es la tradición más antigua de Puertollano. Es una fiesta que conmemora la comida que se daba a los necesitados como cumplimiento de la promesa realizada a la Virgen por las trece familias supervivientes tras la epidemia de peste negra de 1348. Se celebra cada jueves de la Octava de la Ascensión y se sacrifican 13 vacas, una por cada familia supervivente para repartir la carne a los pobres. El Primer Voto según la tradición, redujo la población a 13 familias y 75 habitantes que decidieron pasar la noche en vigilia y oración pidiendo la intercesión de la Virgen en la Iglesia de la Asunción (el templo primigienio es del siglo XI sobre el que se edificó en sucesivos siglos a partir del XV, la actual iglesia). El resultado de aquella vigilia es que dichas familias quedaron libres de contagio y atribuyeron el suceso a la intervención mariana.  Desde aquel momento se adoptó la advocación de la Virgen de Gracia.

  En 1486 tuvo lugar un segundo brote de peste negra en Puertollano. Los descendientes de aquellas familias volvieron a pedir la intercesión a la Virgen por medio de un Segundo Voto con la solemne promesa del concejo de construir una ermita presidida por una imagen que representara dicha advocación. Nuevamente la peste cesó y la ermita fue levantada. La imagen actual es del imaginero sevillano Antonio Castillo Lastruci de 1940 porque  la original fue destruida en la Guerra Civil del 36. Desde entonces, Nuestra Señora de Gracia es patrona y protectora de Puertollano, cuya fiesta local se celebra el 8 de septiembre, festividad de la Natividad de la Virgen.

 De manera que por el  Primer Voto, Puertollano conserva la tradición del sacrificio de vacas y reparto de carne entre los habitantes,  y por el Segundo Voto, tenemos la ermita. ¿Qué significa celebrarlo en la Octava de la Ascensión?   No es una fecha cualquiera. Es el tiempo de la Iglesia expectante, entre la ausencia visible de Cristo y la promesa del Espíritu. Según Hechos 1,14, María permanece orando con los discípulos. Liturgicamente significa que Cristo ha ascendido, que se pierde su presencia,  que Pentecostés aún no ha llegado y que María rezando sostiene la comunidad. El mensaje implícito de nuestra fiesta puertollanera es el recuerdo de una crisis pasada, que celebra haber sido salvada y que lo hace en un tiempo litúrgico de espera antes del auxilio definitivo. No celebra solo el milagro, sino el gesto de confiar en medio de la angustia, que es lo que conecta con la lógica del voto medieval. En otras palabras, el calendario litúrgico refuerza el milagro formal. No es una fecha cualquiera, es el tiempo de la Iglesia expectante sostenida por María.

 Actualmente, esta festividad comienza el miércoles anterior al Domingo de Pentescostés con la bendición por parte del sacerdote del pan que será repartido en la glorieta de la ermita. Posteriormente tiene lugar el paseo de la vaca que anuncia el encendido de las hogueras que calentarán las calderas del guiso. A continuación se festeja el festival de música folklórica  y el mayo a la Virgen, y a medianoche se empiezan a cocinar en los pucheros, la carne que será bendecida y repartida el jueves a todos los ciudadanos que lo deseen.

 En los últimos años se han incorporado nuevas tradiciones para fomentar la fiesta, como los premios del Santo Voto nombrando Caballero y Dama y el Mercado Medieval. El Santo Voto fue declarado Bien Inmaterial de Interés Cultural en el año 2020 a la tradición más antigua de Puertollano. El Santo Voto no es, en definitiva, solo una fiesta popular, es la memoria de una comunidad que transformó el miedo en promesa y la supervivencia en identidad.

lunes, 2 de marzo de 2026

Entre flechas amarillas: El dogma y el misterio: la forja trinitaria antes ...

Entre flechas amarillas: El dogma y el misterio: la forja trinitaria antes ...:   Antes de que existieran definiciones conciliares, ya había Eucaristía. Antes del homoousios, ya había doxología. La teología nació no en a...

El dogma y el misterio: la forja trinitaria antes de Nicea

  Antes de que existieran definiciones conciliares, ya había Eucaristía. Antes del homoousios, ya había doxología. La teología nació no en academias, sino en comunidades perseguidas que rezaban, sufrían y morían confesando que Jesús es Señor.

  Este camino, que va desde la memoria viva de los apóstoles hasta el Concilio de Nicea, no es la historia de una invención intelectual, sino la forja de un lenguaje capaz de custodiar el misterio.


  San Pablo había rechazado la sabiduría de este mundo pero terminó haciéndola valer: "Está escrito, arruinaré la sabiduría de los sabios y anularé la inteligencia de los inteligentes. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el letrado? ¿Dónde el retórico de este mundo? ¿No hizo Dios necia la sabiduría de este mundo?... Los judíos piden milagros y los griegos sabiduría; mas nosotros predicamos a Jesucristo, el crucificado, para los judíos escándalo y para los gentiles irrisión, mas para los que han sido llamados, ya sean judíos, ya gentiles, es Cristo, poder de Dios y sabiduría de Dios" -Cor 1-19- Pero en Rom 1, 19 ss escribe: "Lo que de Dios es cognoscible, ha sido manifiesto en ellos (los gentiles); Dios se lo ha anunciado; su invisible ser y su poder y divinidad es desde la creación del mundo asequible a los ojos del espíritu a través de sus obras".

  La Patrística ortodoxa es el conjunto de enseñanzas de los Padres de la Iglesia que dieron forma a la teología de la Iglesia Oriental. No crean doctrina, sino que articulan, defienden y clarifican la fe apostólica frente a herejías y debates teológicos.

  En los siglos I-II, se da una transición directa con los apóstoles.  Ignacio de Antioquía  es uno de los padres apostólicos,  discípulo de San Pablo y de San Juan,  santo tanto para la Iglesia Católica como para la Ortodoxa. Sus escritos nacen mientras era escoltado militarmente rumbo al martirio circa 107. Ignacio insiste en que la Iglesia no es una asociación espiritual a modo de ong sino una comunión concreta estructurada alrededor del obispo, presbíteros y diáconos. Combate el docetismo, herejía que sostenía que el cuerpo del Hijo de Dios era ilusorio y no de carne real por lo que su sufrimiento y muerte en la cruz no fueron reales sino una simulación, y lo hace afirmando que la eucaristía es la carne de Cristo. Esta conexión entre Encarnación y sacramento proclama que es verdaderamente Dios, verdaderamente hombre, nacido de María y crucificado bajo Poncio Pilato, antes del Concilio de Nicea asentando futuras definiciones terminológicas de la fe. En cuanto al  martirio lo considera como una participación y unión con Cristo, concepto in nuce de la futura doctrina de la theosis -unión del ser humano con Dios por la gracia-

  Otro padre apostólico es Policarpo de Esmirna (circa 69-155) discípulo del apóstol Juan y testigo vivo de la tradición. No innova, custodia el legado recibido, insiste en la fidelidad de las enseñanzas del Nuevo Testamento, y en la idea de que la verdad no se inventa, se transmite. Se enfrentó al gnosticismo y al docetismo defendiendo la Encarnación real de Cristo, sin verdadera encarnación no podía haber verdadera deificación. El Martirio de Policarpo es considerado el más antiguo y auténtico de las Actas de los Mártires y marca el estilo espiritual de Oriente: firmeza y fidelidad.

  Ireneo de Lyon santo para ambas Iglesias y Doctor para la Iglesia Católica es la figura puente entre los Padres apologistas y los Padres teólogos de los siglos II-III. Firme defensor de la fe apostólica y de la sucesión como garantía de la verdadera doctrina. En su obra Adversus Haereses responde a las corrientes gnósticas. Desarrolló la idea de que Cristo restaura lo que la humanidad había perdido con Adán, encajando con la teología ortodoxa de la theosis. Vivió en el siglo II mucho antes del Cisma de 1054, así que es un Padre común tanto para ortodoxos como para católicos, pero su énfasis en la tradición viva lo hace especialmente cercano a la sensibilidad ortodoxa. Ireneo fue discípulo de Policarpo de Esmirna quien a su vez lo había sido del apóstol Juan.

  Ignacio de Antioquía defendió el episcopado monárquico y la Eucaristía, Policarpo de Esmirna la fidelidad a la tradición recibida e Ireneo de Lyon la sucesión apostólica y la tradición como criterio contra la herejía. La Iglesia pasa de una memoria viva apostólica a una reflexión teológica sin ruptura alguna.

  En el siglo III, la escuela de Alejandría desarrolla la teología. Clemente de Alejandría (circa 150-215) sintetiza la filosofía griega con la fe, y la Teología empieza a pensar con categorías filosóficas sin dejar de ser Iglesia. La filosofía no es enemiga, sino una pedagogía que nos conduce a Cristo. El Logos -Jesucristo, la Palabra Divina que actúa como maestro universal de la humanidad- conduce a un creyente maduro iluminado por la caridad y el conocimiento verdadero, legitimando el uso del pensamiento filosófico dentro de la fe, abriéndose a una Teología especulativa que no rompe con la fe.

  Orígenes (circa 185-253) es el discípulo intelectual de Clemente de Alejandría y el teólogo más influyente del siglo III, suya es la comparación entre los hijos de Israel  que en su salida de Egipto se llevaron consigo para su uso, todos los objetos de oro y plata que pudieron, con lo que debe hacer la fe  con  la ciencia y la filosofía. Comparación explotada posteriormente hija intelectual de la fórmula acuñada por Clemente de que la filosofía fue un don de la providencia con el que debían prepararse los griegos para recibir a Cristo de un modo parecido a los judíos con el Antiguo Testamento. (1) 

  Aporta el método exegético en sus niveles literal, moral y espiritual, desarrolla la Teología del Logos e intenta sistematizar un sistema teológico cristiano con profunda visión ascética y mística. Algunas de sus teorías especulativas como la de la preexistencia de las almas y la apocatástasis -restauración final de todas las cosas a su estado primitivo de perfección- fueron posteriormente cuestionadas y parcialmente condenadas. Pero la tradición ortodoxa no lo borra, lo discierne. Orígenes, aunque polémico, es fundamental. Sin él no se entiende el lenguaje teológico que luego heredarán los capadocios.

  Alejandría es el laboratorio donde el cristianismo se vuelve intelectualmente sofisticado, la terminología y el aparato conceptual de Nicea allí se construyen. La crisis trinitaria, el arrianismo, el homoousios -Padre e Hijo son de la misma naturaleza- que definió el Primer Concilio Ecuménico de la Iglesia unida,  para distinguir y declarar hereje al concepto de homoiousios -Padre e Hijo son de sustancia similar o parecida- propuesta por Arrio, ya están in nuce en Alejandría con la propuesta de que la fe culmine en una gnosis cristiana entendida como conocimiento espiritual profundo.

  Antes de Nicea, la Iglesia no tenía aún una fórmula para hablar de Dios, solo liturgia y doxología. Este período circa 250-325 es de tensión creadora. Orígenes había afirmado la eternidad del Logos, pero con cierto orden jerárquico dentro de la Trinidad. Esa ambigüedad abrió preguntas: ¿Es el Hijo plenamente Dios? ¿Cómo entender la generación eterna? Sin la precisión conceptual, la ortodoxia se volvía frágil.

  Mientras Oriente especulaba, Occidente definía. Tertuliano (circa 155-240 d.C.) cuyos escritos son en latín, defiende la fe y ataca el gnosticismo -secta que creía que el Dios del Antiguo Testamento no era el mismo Dios del Nuevo Testamento- de Marción; la herejía de que la materia era preexistente a la creación  por parte de Dios de Hermógenes y a Valentino que negaba la encarnación física de Jesús y afirmaba que la salvación se lograba mediante el conocimiento espiritual -gnosis- en lugar de la fe. Desarrolla los conceptos de substancia y de las Tres Personas, preparando el vocabulario que permitirá después hablar de ousía y tres hipóstasis.

  Novaciano muere martirizado en el 258 en tiempos del emperador Valeriano I, conocido por el antipapa, escribe De Trinitate una de las exposiciones más importantes antes de Nicea, defendió que la Iglesia no tenía autoridad para absolver pecados gravísimos como la apostasía. Su teología es pre-nicena, y ortodoxa en lo esencial porque afirmó la divinidad del Hijo.

  Por otro camino se abrió paso la mística en Antioquía. Luciano de Antioquía (circa 240-312) se centra en la historia: menos metafísica y más énfasis en la imitación moral. La Escritura habla de hechos reales y la Encarnación es evento histórico, la espiritualidad ha de entenderse como obediencia. Cristo es verdaderamente humano y se protege la distinción entre el Padre y el Hijo.

  La tensión conducía a Nicea. Alejandría corría el riesgo de terminar por diluirse en una especulación excesiva y Antioquía de separar demasiado al Hijo del Padre. Arrio lleva el subordinacionismo a su conclusión lógica: Si el Hijo es engendrado, entonces tuvo un comienzo, y la crisis ya no es académica sino eclesial. Nicea no eligió una escuela contra otra, intentó salvar la plena divinidad (intuición alejandrina) y la distinción real (preocupación antioquena).

  Cuando estalla el conflicto, ya no es solo teología, había que salvar la unidad del Imperio. Nicea no inventa la fe, fija límites. El Hijo es homoousios -de la misma sustancia que el Padre- como fruto de un conflicto de siglos. La teología nace de la liturgia, no de la filosofía y el dogma es defensa del misterio experimentado. Y eso es profundamente ortodoxo, el dogma custodia el misterio. Constantino convocó Nicea para resolver lo que ya era una guerra teológica abierta. 

  Nicea afirmó que el Hijo es homoousios con el Padre, pero no explicó del todo cómo pensar la unidad y la distinción sin caer en confusión o división. El dogma había sido proclamado, faltaba hacerlo respirable. Tras el Concilio no llegó la paz, sino décadas de inestabilidad doctrinal y política. La Iglesia había fijado un límite, pero todavía debía comprender plenamente lo que había dicho. Serán los Padres capadocios quienes, en la segunda mitad del siglo IV, transformen una fórmula polémica en una ontología de la comunión. La historia no termina en Nicea, en cierto modo, allí comienza.


(1) Vid. HIRSCHBERGER, Johanes Historia de la Filosfía Tomo I. Barna. Herder 1981