Cuando pensamos en ese ser especial de nuestras vidas, tomamos conciencia por anamnesis de que la condena de Zeus cuando decidió partirnos por la mitad para anhelar perpetuamente a la parte amputada, supuso el triunfo del amor, la amistad y los lazos familiares.
Platón en El Banquete nos narra
un mito según el cual hubo un tiempo en que la tierra estaba habitada por una
especie de personas esféricas que tenían dos caras, cuatro piernas y cuatro
brazos perteneciendo a tres sexos distintos: el masculino descendiente del Sol;
el femenino descendiente de la Tierra, y el andrógino descendiente de la Luna.
La insolencia de estos seres provocó la ira de Zeus que decidió partirlos por
su mitad y condenarlos a buscar y refugiarse afectivamente unos en otros.
Tal vez Hayek cuando afirmó que el
mercado era el producto de la acción humana y no el diseño de su institución,
tuvo presentes los brotes de alegría que los momentos especiales suponen en la
vida de las personas. Pese a las críticas de quienes las desprecian por
anudarlas a un mero consumo, seguiremos el guión y regalaremos presentes en el
calendario que nos recuerda y evoca a quienes tenemos instalados en nuestras
vidas. Y ello obviamente irradia a cualquier efemérides que nos haga reforzar
los lazos de unión.
Y es que el sueño tiene que acariciarse
en el mundo real, en la vida. El maestro Frank Capra nos lo enseñó en
su película Qué Bello es Vivir. Eros
frente a Tánatos, las ganas de vivir frente a la muerte como metáfora de la
desidia. Solo las
personas que se agitan en el mar, disfrutan de sus olas. Hagamos poesía para
todas las preguntas que no se puedan responder, y para todo lo demás, la famosa tarjeta de crédito. Aprendamos
a saber si la vida nos sonríe, sin mutilar margaritas: la vida es un misterio,
y los misterios, se nos des-velan.P.D. Los detractores del mercado del regalo el día de San Valentín luchan en vano. El mismísimo dios Eros tuvo que agasajar a Psique con banquetes nocturnos en su palacio para seducirla.
Actualización 2026. Con el paso del tiempo he llegado a entender que ese almanaque íntimo que todos llevamos dentro no se mide únicamente por fechas señaladas, sino por la intensidad de los momentos compartidos. La vida va dejando marcas invisibles que no aparecen en ningún calendario, pero que sostienen nuestra memoria emocional: una conversación inesperada, un reencuentro, una ausencia que nos enseña el valor de lo vivido.
Quizá por eso el verdadero sentido de celebrar no esté en la ceremonia ni en el objeto regalado, sino en el gesto de detenernos y reconocer qu Actualización 2026 e el tiempo sólo adquiere significado cuando se llena de afectos. Cada día puede ser efeméride si aprendemos a mirarlo con gratitud y conciencia.
Al final, el almanaque de la vida no se cuelga en la pared: se escribe silenciosamente en el interior de quienes aprenden a vivir recordando y a recordar viviendo.
