¿Qué significa realmente la salvación? Para muchos cristianos es el perdón de los pecados o la entrada en el cielo. Sin embargo, la tradición ortodoxa utiliza una palabra poco conocida en Occidente: theosis, divinización o deificación. Dios se hizo hombre para que el hombre pudiera participar de la vida de Dios.
¿Acaso pretende el cristianismo ortodoxo que nos convirtamos en dioses? En palabras de Atanasio de Alejandría: Dios se hizo hombre para que el hombre llegara a ser dios. La doctrina de la theosis no surge únicamente de la reflexión de los Padres de la Iglesia. Los teólogos ortodoxos suelen apoyarse especialmente en Pedro (1 Vid. Infra), donde se afirma que los creyentes están llamados a llegar a ser partícipes de la naturaleza divina. También encuentran antecedentes en las palabras de Jesús sobre la unión entre Dios y los creyentes (2 Vid. Infra) y en la enseñanza paulina sobre la transformación del cristiano a imagen de Cristo.
La ortodoxia no enseña que el ser humano se convierta en otro dios independiente ni que se funda con la esencia divia. Lo que enseña es una comunión tan profunda con Dios que la vida divina transforma progresivamente a la persona. La espiritualidad ortodoxa contempla el pecado más como una enfermedad que como una infracción legal. El ser humano ha sido creado para la comunión con Dios, pero vive fragmentado, disperso y separado de su verdadera vocación. La salvación en la ortodoxia es sanación, restauración y transformación, mientras que Occidente se centra más en la culpa y la absolución.
Gregorio Palamás distinguió entre esencia y energías divinas. La esencia de Dios permanece inaccesible; nadie puede poseerla ni comprenderla plenamente. Pero Dios se comunica realmente mediante sus energías, es decir, su vida, su gracia, su luz. La theosis consiste precisamente en participar de esa vida divina sin dejar de ser plenamente humanos.
La theosis no es una teoría sino una práctica espiritual. Se vive mediante los sacramentos, el ayuno, la ascesis, la caridad, la purificación del corazón, y con la oración hesicasta. Para la ortodoxia, los santos no son simplemente personas virtuosas, son seres humanos transparentes a la presencia divina. La meta no es cumplir unas normas, sino llegar a reflejar la luz de Dios, como ocurre en el episodio evangélico de la Transfiguración de Jesús. La santidad aparece entonces como una anticipación de la humanidad futura.
Vivimos en una época obsesionada con la autorrealización, el desarrollo personal y la búsqueda de identidad. La theosis propone algo radicalmente distinto: el ser humano no alcanza su plenitud encerrándose en sí mismo, sino abriéndose a una comunión que lo trasciende. No se trata de llegar a ser más uno mismo en sentido individualista, sino de llegar a ser plenamente humano participando de la vida divina. La espiritualidad ortodoxa no pregunta solamente cómo salvarse, sino ¿qué está llamado a ser el hombre? Su respuesta es asombrosa: una criatura capaz de compartir, por la gracia, aquello que Dios es por naturaleza. Esa es la theosis: no una evasión del mundo, sino la transformación progresiva del ser humano en imagen luminosa de Dios.
Fuimos creados a imagen y semejanza de Dios. La imagen es el potencial (la racionalidad, el libre albedrío). La semejanza es la realización de ese potencial: la théosis misma. El pecado empañó esa imagen, y Cristo vino a restaurarla. La salvación en la Ortodoxia no es un evento jurídico de cumplir una condena o ser declarado inocente. Es un camino medicinal y de crecimiento que empieza en esta vida y continúa por la eternidad. Nunca se termina de profundizar en el infinito misterio de Dios. La teosis no es solo teoría, requiere una vida activa en la Iglesia mediante los Sacramentos (Misterios) -el Bautismo y la Eucaristía son los motores de la teosis; es donde el cuerpo y el alma reciben físicamente la vida divina-; la Ascesis (Esfuerzo) -el ayuno, la limosna y la autodisciplina ayudan a limpiar las pasiones egoístas para hacer espacio a la Gracia- y el Hesicasmo y la Oración del Corazón (la repetición de la Oración de Jesús, Señor Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador que busca la quietud mental para experimentar la presencia de Dios).
¿En qué culmina la theosis? La respuesta ortodoxa se acerca mucho a la visión cristiana tradicional del cielo. El destino último del ser humano es la unión con Dios y la participación eterna en su vida. La diferencia es que la Ortodoxia suele describir esa meta menos en términos jurídicos o espaciales -ir al cielo- y se centra más en términos de comunión y transformación. La teosis no termina con la muerte. Continúa eternamente porque Dios es infinito y la criatura nunca agota la riqueza de la vida divina. Los santos contemplan a Dios y participan de su gloria, pero sin confundirse jamás con Él. Permanecen plenamente humanos y plenamente personales.
En este punto existen más semejanzas que diferencias con la doctrina católica. El catolicismo habla de la visión beatífica: la contemplación directa de Dios que colma definitivamente al ser humano. La Ortodoxia habla de participación en las energías divinas y de unión transformante con Dios. Aunque los marcos teológicos son distintos, ambas tradiciones afirman que la plenitud de la salvación consiste en la comunión eterna con Dios.
La Iglesia ortodoxa afirma también la existencia del juicio, del cielo y del infierno. Sin embargo, algunos teólogos ortodoxos han tendido a describir el infierno de una manera diferente a la tradición occidental. En lugar de concebirlo principalmente como un lugar de castigo impuesto por Dios, suelen entenderlo como la experiencia dolorosa de la misma presencia divina por parte de quien rechaza el amor de Dios. Según esta interpretación, Dios sigue siendo amor para todos, pero quienes se han cerrado libremente a Él experimentan ese amor como sufrimiento en vez de como felicidad. No existe un consenso absoluto sobre los detalles de esta explicación, pero sí sobre la realidad de una separación eterna de Dios para quien persiste en rechazarlo.
La diferencia más importante con el catolicismo no está tanto en la existencia del infierno como en el lenguaje utilizado para describirlo. Ambas tradiciones sostienen la realidad del juicio final y la responsabilidad de la libertad humana, sin embargo, la distancia entre ambas tradiciones suele exagerarse. La doctrina católica también enseña la divinización del ser humano mediante la gracia, mientras que la Ortodoxia no niega el perdón de los pecados ni la necesidad de la redención. Las diferencias existen, especialmente en la formulación teológica de la gracia, la visión beatífica y la distinción entre esencia y energías divinas, pero ambas coinciden en que la salvación consiste en la unión definitiva del hombre con Dios por medio de Cristo.
La doctrina de la theosis constituye uno de los rasgos más característicos de la espiritualidad ortodoxa, pero no es una idea ajena al conjunto del cristianismo. Tanto Oriente como Occidente coinciden en que el destino último del ser humano es la unión con Dios por medio de Cristo. La diferencia radica principalmente en el lenguaje y en los énfasis teológicos utilizados para describir ese misterio. La theosis recuerda que la salvación no consiste únicamente en escapar del pecado o alcanzar el cielo, sino en una transformación progresiva por la cual el ser humano llega a reflejar cada vez más plenamente la vida, la luz y el amor de Dios.
(1) "Por ellas nos ha concedido sus preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser partícipes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia." -Segunda carta de Pedro. Capítulo 1, Versículo 4.
(2) "Para que todos sean uno; como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros (...) Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad." -Oración Sacerdotal de Jesús en Juan 17, versículos 21-23.
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