La España del transistor ya había aprendido que la radio podía producir pequeños milagros civiles. En la película Historias de la radio de José Luis Saenz de Heredia de 1955 se da eco al medio como un poder amplificado capaz de movilizar a la sociedad. Pepe Isbert protagoniza uno de sus episodios y como veremos, participó igualmente en la Operación Mina liderada por Don Pedro. Ese cine reflejaba algo real: en los años 50 la radio era el gran espacio emocional de la sociedad española. No había televisión al menos extendida aún, y la prensa escrita carecía de la inmediatez que requería una sociedad en plena evolución.
En los años 50 y 60 (scil. siglo XX), la Iglesia comenzó a coordinar las numerosas emisoras parroquiales y diocesanas que existían por todo el país. Ese proceso acabaría cristalizando en la cadena COPE y la de Puertollano fue una de las pioneras. Los obispos terminaron por hacer suya la filosofía de párrocos como Don Pedro y vieron una oportunidad para crear una radio popular, católica y con capacidad de movilización social.
El contexto político también es importante subrayarlo. Durante el franquismo, el Estado promovía una retórica de solidaridad nacional y la Iglesia tenía un gran peso institucional. Las campañas benéficas públicas eran habituales y conseguían ayuda real a personas o comunidades en crisis, movilización moral y religiosa y un refuerzo del imaginario comunitario. La radio era perfecta porque llegaba a pueblos pequeños, generaba emoción inmediata y permitía la participación social.
En ese ecosistema mediático y cultural aparece la Operación Mina que encajaba perfectamente con la España de la época, y con un guión sociológico que ya funcionaba. Una desgracia colectiva (la desaparición del Barrio Minero Muelle María Isabel de Asdrúbal por el desbordamiento del río Ojailén en la que 500 familias perdieron sus casas), un intermediario carismático -Don Pedro-, la radio amplificando el relato con la ayuda del diario LANZA y una comunidad respondiendo con fe y solidaridad.
Vamos a destacar la figura de Don Pedro Muñoz Fernández, su visión del Puertollano que le tocó vivir y que describió en su libro Operación Mina. Ed. La Económica de Puertollano 1978 reeditada en 2022, sus anécdotas -conocido como el cura de la radio, por sus tacones, y por su loro-, su campaña en favor de conseguir fondos para las viviendas de los mineros, y por conseguir llevar la imagen de la Virgen de Gracia a las minas, episodio que tuvo que sortear la oposición del Arcipreste Don José María (a quien en su libro lo cita como el Jefe) porque entendía que el estado de conservación no era el adecuado y el camino estaba lleno de obstáculos en su recorrido. El 19 de noviembre de 1961 la Virgen visita las minas y se oficia una misa con su imagen presente en la que el protagonismo corre a cargo del Arcipreste, el Jefe, quien impidió que Don Mariano Mondéjar, el cura titular de la barriada minera la oficiara. En palabras de Don Pedro, "Que la misa la digo yo; yo soy el arcipreste y no está bien que la misa no la diga yo" (Ibídem op. cit.)
En el tramo entre los pozos Elorza y Argüelles, una encina arañó la cara de la Virgen y en las maniobras para retirarla del ramaje, la imagen perdió un dedo. Don José María refunfuñando le recriminó al cura del loro que ya se lo había advertido lo que podía pasar y a ver qué iba a decir ahora la radio (Sic).
El Obispo y el Gobernador Civil presidieron el retorno de la Virgen a su ermita con un gran clamor y fervor popular y con las calles abarrotadas de gente. Podemos afirmar que Puertollano vivió un acontecimiento histórico, la Virgen había visitado los pozos y a los mineros, y su vuelta al camarín había concentrado a las máximas autoridades de la provincia.
Hay que separar pues la operación mina y su recolecta, de la visita de la Virgen al Ojailén cuyo desbordamiento había provocado toda la operación. La visita de la Virgen reactivó la tradición de los votos comunitarios, tenía algo de rito colectivo, de promesa cumplida y de súplica compartida, no era una imagen extraña en la historia de Puertollano.
La visita de la Virgen a las minas en 1961, impulsada por Don Pedro Muñoz y amplificada por las ondas de Radio Puertollano, parecía situarse en esa misma lógica cultural: una comunidad golpeada por la adversidad que recurre a su patrona y convierte el gesto religioso en un acto de cohesión social. Como en los antiguos votos, la fe se mezclaba con la necesidad, la emoción popular y una voluntad colectiva de reconstrucción. En palabras de Don Pedro: "La operación Mina no fue un algo maravilloso para verlo solo desde fuera. Hay que verlo desde dentro, como hay que ver y entender lo de la peste" (Ibídem op. cit.).
El loro de Don Pedro con el tiempo en los 70, llegó a convertirse en metáfora de su proyecto, el loro como término lo importa la sociedad de la jerga carcelaria, pero su loro fue un regalo de un emigrante que a su vuelta de vacaciones para ver a sus padres se lo regaló, "un loro..., a mí...¿Para qué?"
Lo del loro se hizo famoso, circulaba entre el vecindario que contaba chistes, y también se le atribuyó una anécdota de que iba a ser subastado y que soltó por el micrófono: "Eso tu suegrrra, tu suegrrra, ¡guarro!" Pero según nos cuenta Don Pedro, el loro no decía ni pío.
Asdrúbal era la barriada tradicional de las viejas minas y Don Pedro organizaba festivales de caridad para los mineros, una forma de apostolado que posteriormente vendría refrendado por el Concilio Vaticano II (entre 1962 y 1965). De alguna manera nuestro cura de la radio fue un adelantado. Los jueves se hacía una tertulia con concursos de cante y fruto de esas emisiones nació el espacio Llamaron a una puerta que consistía en que colaboradores salían a los arrabales de la ciudad, llamaban a una puerta al azar y volvían al estudio contando lo que habían visto. También se hacían colectas y el cura tenía sus propios peregrinos de la caridad. La arquitectura solidaria ya estaba vertebrada.
Cuando el Ojailén se desbordó dejando a 500 familias sin hogar, tan solo había que conseguir llevar al Gran Teatro a los artistas famosos bautizados como los Peregrinos de la Caridad por el cardenal de Santiago de Compostela, que ya habían participado en otras capitales y pueblos. De las vicisitudes, dificultades y la acogida da cuenta en su libro citado Don Pedro. Se recaudó medio millón de pesetas de la época y el 23 de febrero de 1962 se constituyó el Patronato de la Operación Mina para viviendas de necesitados en Puertollano, que surgió como continuación de la operación benéfico-social de la misma con la finalidad de administrar los fondos recaudados. Los actores participantes fueron los siguientes:


