El Santo Voto de Puertollano no es solo una fiesta. Es la cristalización de un esquema religioso profundamente medieval: crisis, invocación, intervención y promesa. Lo que ocurrió en 1348, en plena peste negra, no fue únicamente la supervivencia de trece familias; fue la construcción de un relato fundacional que convirtió un hecho histórico en memoria ritualizada.
Para comprenderlo en toda su dimensión, conviene retroceder al siglo XIII, cuando Gonzalo de Berceo fijó en castellano, en sus Milagros de Nuestra Señora, el modelo literario del milagro mariano: peligro colectivo, súplica, intervención de la Virgen y cumplimiento de un voto. Puertollano no inventa el esquema; lo hereda, lo adapta y lo convierte en identidad propia bajo la advocación de la Virgen de Gracia.
El Santo Voto es, así, algo más que tradición: es un pacto simbólico que liga a una comunidad con su pasado, con su fe y con su propia supervivencia.
Lo fundamental de María en relación con los creyentes es su maternidad, la de ser Madre del pueblo fiel, como intercensora como signo materno de la misericordia del Señor. En Milagros de Nuestra Señora Gonzalo de Berceo, clérigo secular del Monasterio de San Millán de la Cogoya entre 1246 y 1252 compila 25 milagros de la Virgen usando como fuentes los milagros marianos escritos en latín y que circulaban por el siglo XIII. Y lo hace en castellano medieval con fines pedagógicos y paremiológicos -refranes, aforismos populares- para conseguir una mayor devoción a la Virgen. En Yuso, la advocación mariana era y sigue siendo la Virgen del Portal, patrona de San Millán de la Cogoya. Ese mismo esquema es el que encontramos siglos después en Puertollano.
La estructura típica es: situación de peligro o crisis colectiva, enfermedad, guerra, hambre o amenzaza sobrenatural, se invoca a la Virgen con oraciones colectivas y promesas explícitas, se produce una intervención milagrosa y se cumple un voto: fundación de ermita, procesión anual, ofrendas perpetuas y memoria ritualizada. El milagro no termina con la salvación, sino con el voto por el que una comunidad queda ligada a la Virgen por un pacto simbólico.
El Santo Voto no surge como hecho aislado, sino dentro de una tradición peninsular ya consolidada en el siglo XIII, cuando Gonzalo de Berceo fija literariamente el esquema del milagro mariano: crisis, invocación, intervención y voto. Puertollano se inserta así en una corriente devocional de larga duración. Supone un acto jurídico-religioso, un gesto de identidad colectiva y un relato fundacional.
Desde una perspectiva filosófica, resulta iluminadora la distinción propuesta por Gustavo Bueno entre el milagro material, que es un hecho extraordionario en sí, un suceso que rompe el curso de los acontecimientos con una curación inexplicable, el fin repentino de una peste o una salvación colectiva inesperada, y el milagro formal que es la interpretación religiosa del hecho atribuyéndoselo a la intervención divina y que queda fijado en la memoria colectiva y en un rito. El milagro formal es el que funda el compromiso y las instituciones encargadas de mantener las promesas de la colectivadad agraciada con el suceso milagroso. En resumen, desde una perspectiva filosófica, podemos distinguir entre el milagro material -la desaparición de la peste- y el milagro formal -la interpretación religiosa que fija el acontecimiento en rito y memoria-.
El milagro material en el Santo Voto (como detallaremos más adelante habrá un segundo milagro) es la desaparición de la enfermadad -la peste negra- que podría explicarse por causas naturales o por inmunización sobrevenida. Desde un punto de vista filosófico, el milagro material no implica hecho religioso. Pero las trece familias supervivientes atribuyeron su salvación a la intervención de la Virgen de Gracia y entonces formularon el voto y establecieron el rito anual y el compromiso de mantenerlo. El milagro formal es pues la formulación religiosa de un acontecimiento crítico que se reconstruye narrativamente cada año en la ciudad de Puertollano. El milagro no fue solo sobrevivir, sino decidir recordarlo.
El Santo Voto es la tradición más antigua de Puertollano. Es una fiesta que conmemora la comida que se daba a los necesitados como cumplimiento de la promesa realizada a la Virgen por las trece familias supervivientes tras la epidemia de peste negra de 1348. Se celebra cada jueves de la Octava de la Ascensión y se sacrifican 13 vacas, una por cada familia supervivente para repartir la carne a los pobres. El Primer Voto según la tradición, redujo la población a 13 familias y 75 habitantes que decidieron pasar la noche en vigilia y oración pidiendo la intercesión de la Virgen en la Iglesia de la Asunción (el templo primigienio es del siglo XI sobre el que se edificó en sucesivos siglos a partir del XV, la actual iglesia). El resultado de aquella vigilia es que dichas familias quedaron libres de contagio y atribuyeron el suceso a la intervención mariana. Desde aquel momento se adoptó la advocación de la Virgen de Gracia.
En 1486 tuvo lugar un segundo brote de peste negra en Puertollano. Los descendientes de aquellas familias volvieron a pedir la intercesión a la Virgen por medio de un Segundo Voto con la solemne promesa del concejo de construir una ermita presidida por una imagen que representara dicha advocación. Nuevamente la peste cesó y la ermita fue levantada. La imagen actual es del imaginero sevillano Antonio Castillo Lastruci de 1940 porque la original fue destruida en la Guerra Civil del 36. Desde entonces, Nuestra Señora de Gracia es patrona y protectora de Puertollano, cuya fiesta local se celebra el 8 de septiembre, festividad de la Natividad de la Virgen.
De manera que por el Primer Voto, Puertollano conserva la tradición del sacrificio de vacas y reparto de carne entre los habitantes, y por el Segundo Voto, tenemos la ermita. ¿Qué significa celebrarlo en la Octava de la Ascensión? No es una fecha cualquiera. Es el tiempo de la Iglesia expectante, entre la ausencia visible de Cristo y la promesa del Espíritu. Según Hechos 1,14, María permanece orando con los discípulos. Liturgicamente significa que Cristo ha ascendido, que se pierde su presencia, que Pentecostés aún no ha llegado y que María rezando sostiene la comunidad. El mensaje implícito de nuestra fiesta puertollanera es el recuerdo de una crisis pasada, que celebra haber sido salvada y que lo hace en un tiempo litúrgico de espera antes del auxilio definitivo. No celebra solo el milagro, sino el gesto de confiar en medio de la angustia, que es lo que conecta con la lógica del voto medieval. En otras palabras, el calendario litúrgico refuerza el milagro formal. No es una fecha cualquiera, es el tiempo de la Iglesia expectante sostenida por María.
Actualmente, esta festividad comienza el miércoles anterior al Domingo de Pentescostés con la bendición por parte del sacerdote del pan que será repartido en la glorieta de la ermita. Posteriormente tiene lugar el paseo de la vaca que anuncia el encendido de las hogueras que calentarán las calderas del guiso. A continuación se festeja el festival de música folklórica y el mayo a la Virgen, y a medianoche se empiezan a cocinar en los pucheros, la carne que será bendecida y repartida el jueves a todos los ciudadanos que lo deseen.
En los últimos años se han incorporado nuevas tradiciones para fomentar la fiesta, como los premios del Santo Voto nombrando Caballero y Dama y el Mercado Medieval. El Santo Voto fue declarado Bien Inmaterial de Interés Cultural en el año 2020 a la tradición más antigua de Puertollano. El Santo Voto no es, en definitiva, solo una fiesta popular, es la memoria de una comunidad que transformó el miedo en promesa y la supervivencia en identidad.

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