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domingo, 25 de enero de 2026

Entre flechas amarillas: Santa Irene: memoria de la iconoclasia y elocuenci...

Entre flechas amarillas: Santa Irene: memoria de la iconoclasia y elocuenci...:    Muy cerca de Santa Sofía y dentro del recinto del Palacio de Topkapi de Estambul, donde Bizancio proclamó su fe cristiana con boato, icon...

Santa Irene: memoria de la iconoclasia y elocuencia del vacío

 


 Muy cerca de Santa Sofía y dentro del recinto del Palacio de Topkapi de Estambul, donde Bizancio proclamó su fe cristiana con boato, iconos y teología, se alza Hagia Irene sin competir, ni persuadir. En su ábside no hay un Cristo Pantocrátor que domine el espacio, sino una cruz solitaria, desnuda, suspendida en el tiempo. No es una ausencia casual ni una mutilación histórica: es el rastro intacto de una de las heridas más profundas del cristianismo oriental: la iconoclasia. Entrar en Santa Irene es entrar en un momento en el que la fe dudó de sus propias imágenes, y no todas las cicatrices fueron borradas después.


  Hagia Irene revela la multifacética historia de Constantinopla con vestigios de los períodos bizantino y otomano, y es uno de los primeros ejemplos de la arquitectura bizantina. Es la única iglesia con atrio que ha sobrevivido en Estambul. El atrio en las iglesias bizantinas era un patio porticado  de tradición paleocristiana que se situaba a la entrada del templo y actuaba a modo de recinto de transición y purificación antecediendo al nártex que separaba el mundo exterior del sagrado.

  Su nombre significa Santa Paz en griego, aludiendo no a una santa concreta sino al ideal cristiano, y fue construida a principios del siglo IV durante el reinado del emperador romano Constantino I (324-337). Mantiene su nombre en el Imperio Otomano por ser ideal de paz, al igual que Santa Sofía que aludía a la Divina Sabiduría no colisionando con el Islam. Fue la primera gran iglesia y catedral de Constantinopla antes de que se construyera Santa Sofía. La estructura original se incendió durante la Revuelta de Niká en 532 y fue reconstruida en estilo basilical por el emperador Justiniano I (527-565). Su aspecto actual se debe en gran medida a las reparaciones realizadas en el siglo VIII tras el terremoto del 740 por Constantino V.  

   A diferencia de otras iglesias bizantinas, no posee iconos de mosaico en su interior. Un sencillo motivo de cruz en el ábside muestra rastros del período iconoclasta del Imperio bizantino. Este sencillo enfoque decorativo es significativo, ya que refleja el ambiente religioso y político de la época. Hagia Irene nunca recibió decoración figurativa tras su reconstrucción.

   En la Santa Paz se celebró el Segundo Concilio Ecuménico, y Primero de Constantinopla en el 381 en el que se fijó el credo niceno-constantinopolitano y se condenó al macedonianismo que negaba la plena divinidad del Espíritu Santo. Este concilio la convierte en un lugar doctrinalmente fundamental para católicos y ortodoxos.

 Tras la conquista de 1453 por el sultán Mehmed el Conquistador (1451-1481), Santa Irene, ubicada dentro de las murallas imperiales que rodeaban el Palacio de Topkapi, no se convirtió en mezquita, sino que se utilizó como armería. La inscripción de 1726 en el pórtico de entrada indica que el edificio fue restaurado durante el reinado del sultán Ahmed III (1703-1730) y convertido en un museo de armas. En el siglo XIX, Santa Irene se dividió en dos secciones: la colección de armas antiguas y la colección de artefactos antiguos, con piezas procedentes de diferentes regiones del Imperio Otomano. Así, se convirtió en un museo donde, por primera vez, se exhibían artefactos antiguos de forma sistemática. En este sentido, Santa Irene se considera pionera en la transición a la museología de estilo occidental en el Imperio Otomano.

  En el ábside no hay Virgen ni Cristo Pantocrátor, en su lugar solo hay una cruz negra  colocada en la época de Constantino V emperador iconoclasta que representa el rechazo de figuras decorativas por considerarlas idolátricas. Tras el triunfo de la ortodoxia en el 843 las iglesias bizantinas fueron redecoradas con iconos, pero Hagia Irene no lo fue, por eso es el único gran templo bizantino que conserva la decoración de este período anatematizado en el segundo concilio de Nicea en el 787 y último de los Ecuménicos de las Iglesias católica y ortodoxa y recuerda la crisis profunda que supuso en el cristianismo oriental, es como si fuera una herida sin cicatrizar detenida en el tiempo.

  Santa Irene fue antes de Santa Sofía, la catedral imperial, pasando después a un segundo plano, volcándose todos los recursos en redecorar a la imponente catedral con mosaicos figurativos, y ello la situó fuera de toda urgencia política e imperial manteniendo la gran cruz del ábside porque la cruz siempre fue canónicamente aceptable tras el Concilio de Nicea del 787 y no entraba en conflicto con el triunfo de la ortodoxia. Al haber sido la catedral de Bizancio antes que la Divina Sabiduría quedó al margen de la propaganda iconográfica con la Restauración como una muestra de Paz.

  El resultado de todos estos avatares históricos es la contemplación de un estilo bizantino pre-icónico, sin Pantocrátor, santos ni ningún tipo de narrativa que nos acoge como esas iglesias románicas con total silencio, recogimiento y paz.