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miércoles, 11 de febrero de 2026

Dormición y Asunción: dos miradas, un mismo Misterio

 En la tradición cristiana, María no es solo objeto de devoción: es una clave teológica. Oriente y Occidente la contemplan desde acentos distintos, especialmente en el misterio de su tránsito a la vida eterna. Mientras la Iglesia latina habla de Asunción, la Ortodoxia celebra la Dormición. No se trata de una contradicción doctrinal, sino de dos formas de aproximarse al mismo misterio: una más definitoria y dogmática, otra más simbólica y litúrgica. Para comprender esta diferencia es necesario mirar —y leer— los iconos.


 En la Ortodoxia, la Virgen no es solo una figura devocional sino su representación visual como Theotokos -la que dio a luz a Dios- y cada icono nos proporciona información teológica. Los rasgos iconográficos presentes son el manto, rojo oscuro o púrpura (humanidad glorificada, sufrimiento y dignidad real), túnica azul (condición humana), tres estrellas doradas (en la frente, en el hombro izquierdo y en el derecho -Virgen antes del parto, durante y después del parto-) y las inscripciones en abreviaturas griegas de Madre de Dios. Hay sobriedad, ausencia de sentimentalismo y mirada directa al fiel o al Niño, la Virgen siempre conduce hacia Él.

  Los tipos iconográficos principales de la Theotokos son: Hodigitria (la que muestra el camino), la Virgen sostiene a Cristo y lo señala con la mano; Eleousa (la de la Ternura), mejillas unidas al Niño e intimidad; Orans/Playtera (Virgen de pie u orante con Cristo en un medallón sobre el pecho) usada en ábsides y Panagia, la más teológica y la que representa su papel eclesial.



  La Ortodoxia no habla de Asunción como en Occidente, sino de Dormición, es decir que en el Tránsito a la vida eterna, a diferencia de Occidente donde se proclama que fue asunta en cuerpo y alma al cielo y la muerte queda implícita o subrayada según la tradición teológica (en la definición dogmática de la Asunción de 1950 no se especifica si María murió o no), entrando en un estado de paz obrando su Hijo para que su cuerpo y su alma no se separaran,  en la Ortodoxia, María muere verdadera y pacíficamente, su alma es recibida por Cristo y su cuerpo es glorificado y asumido, anticipando la resurrección final. La Iglesia transmite esta enseñanza a través de iconos e himnos, no como declaración dogmática. Oriente vive el misterio por encima de la racionalidad. La Fiesta se celebra igualmente el 15 de agosto y es una de las Doce Grandes Fiestas de la Iglesia Ortodoxa.


  La iconografía de la Dormición en oriente es narrativa: la Virgen yace sobre lecho funerario, tiene los ojos cerrados -muerte real no simbólica-, Cristo está de pie detrás en Gloria y sostiene una figura pequeña envuelta en blanco -el alma de María representada como una niña-; escatólogica: la muerte como paso, la Resurrección como promesa y María como imagen de la Iglesia glorificada;  y litúrgica: los Doce Apóstoles rodean al lecho, Cristo en una mandorla luminosa, Ángeles -anticipando la gloria-, santidad inviolable de la Theotokos y Jerusalén idealizada -acontecimiento histórico-.

  María no es un privilegio aislado, sino promesa cumplida. Lo que en ella acontece, en la Iglesia se espera. Y por eso el misterio no se resuelve: se canta, se pinta y se celebra.

   El icono de la Dormición es un icono de esperanza escatológica que nos testimonia la fe en la Resurrección, el misterio carece de definición dogmática alguna y se expresa cantando y pintando, no definiendo y toda tradición se anuda a la experiencia litúrgica y patrística. En occidente se parte de la definición dogmática de Pío XII de 1950 que recoge lo que la tradición creía: que la Virgen fue Asunta en cuerpo y alma al cielo tal y como se festeja en el Misterio de Elche declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2001, y del dogma de la Purísima proclamado en 1854 que establece que la Virgen estuvo libre de pecado original. Occidente formula dogmas y Oriente contempla el misterio, Occidente ha preferido subrayar la Gloria más que el tránsito por la muerte.

  En la Dormición ortodoxa, Cristo es el principal actor, Él viene a buscar el alma de su madre; en la Asunción, María aparece elevada a los cielos muchas veces sin Cristo, el protagonismo es mariano, para la Ortodoxia cualquier icono que no muestre al Hijo, es incompleto e inaceptable. La Theotokos es la imagen de la humanidad redimida confirmando que Cristo asumió plenamente la condición humana, en la Asunción se subraya el privilegio singular de la Virgen María extremo que para la Ortodoxia corre el riesgo de aislarla de la humanidad. La Dormición pinta el misterio desde la Pascua, desde la Resurrección, la Asunción, desde la Gloria, no hay contradicción ni herejía, pero sí una antropología y una concepción religiosa diferente. 

  En palabras de San Juan Damasceno -Doctor para ambas Iglesias-: "Era necesario que aquella que había conservado su virginidad intacta en el parto conservara también su cuerpo incorrupto después de la muerte" (vid.), es decir no hay privilegio alguno en favor de María, sino consecuencia del Plan de Dios. Y en palabras de San Germán de Constantinopla; "Tú no has abandonado el mundo, oh Madre de Dios, aunque hayas pasado a la vida eterna" (vid.), es decir, La Dormición conecta directamente con la Pascua y no como un triunfo aislado mariano. De esta forma, la lex orandi -la ley de la oración es ley de fe- y lex credendi -la oración fundamenta la doctrina y la fe- terminan superando las diferencias conceptuales.

  Al final, Oriente y Occidente no discuten un hecho, sino un acento. Uno contempla el tránsito, el otro proclama la gloria. Uno pinta a la Madre dormida en manos del Hijo; el otro la eleva en luz. Pero en ambos casos la fe es la misma: la muerte no tiene la última palabra, la diferencia no es herejía ni ruptura, sino antropología y lenguaje.