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jueves, 23 de junio de 2016

Fragmentos por la libertad: ¿dónde está?



 La libertad no es un regalo que recibimos, sino una pregunta que debemos plantearnos cada día. En estos fragmentos he reunido voces y pensamientos que nos invitan a mirar más allá de lo evidente, a cuestionar el poder, las responsabilidades y nuestra propia participación en la sociedad. Cada palabra es un espejo que refleja la tensión entre lo que somos y lo que podríamos llegar a ser, y nos desafía a buscar la libertad allí donde a menudo parece ausente.

  “Las personas libres no se preguntan qué va a pasar, sino qué vamos a hacer”.-Fernando Savater-



  ¿Qué vamos a hacer? Esa es la pregunta. En mi caso votaré por España,  no con un voto útil ni responsable, porque nunca encuentro esa papeleta en el colegio electoral, sino con sujeción a mi marco de valores. Entre mis principios y mis miedos o sentirme utilizado por  una Ley Electoral que al carecer de circunscripción única favorece a los partidos mayoritarios en cada circunscripción electoral, elijo mis principios sin temor alguno a que mi voto sea inútil. Haz lo que creas que debas y no temas las consecuencias, sentenciaron los estoicos.
  ¿Y cuáles son mis principios? Defensa de la Nación española y su unidad; las libertades formales y la seguridad jurídica frente a cualquier tipo de totalitarismo, y los valores de la cultura occidental.
 
  He seleccionado unos fragmentos sobre la libertad en los que se reflejan diversas formas de poder y liderazgo, mostrando a menudo la incompetencia o la falta de responsabilidad que nos rodea.

  Les propongo un juego similar a “¿dónde está Wally?”, localizando en los fragmentos a los distintos líderes que reconocemos en nuestra historia o presente. Lo interesante de este juego es que cualquier comparación con los personajes históricos que los pronunciaron nos invita a reflexionar: ¿qué hacemos como sociedad para merecer estas figuras y cómo ejercemos nuestra libertad al enfrentarnos a ellas?

  

  “Disfrutamos de un régimen político que no imita las leyes de los vecinos; más que imitadores de otros, en efecto, nosotros mismos servimos de modelo para algunos. En cuanto al nombre, puesto que la administración se ejerce en favor de la mayoría, y no de unos pocos, a este régimen se lo ha llamado democracia. En lo que concierne a los asuntos privados, la igualdad conforme a nuestras leyes, alcanza a todo el mundo, procurando el respeto a los demás y su forma de vida; en lo relativo a los honores, cualquiera que se distinga en algún aspecto puede acceder a los cargos públicos, pues no anteponemos las razones de clase al mérito personal; y tampoco al que es pobre. (…)
 Tenemos por norma respetar la libertad, tanto en los asuntos públicos como en las rivalidades diarias de unos con otros. (…) Si bien en los asuntos privados somos indulgentes, en los públicos, en cambio, jamás obramos ilegalmente, sino que obedecemos a quienes les toca el turno de mandar, y acatamos las leyes.(...) Amamos el arte y la belleza sin desmedirnos, y cultivamos el saber sin ablandarnos. La riqueza representa para nosotros la oportunidad de realizar algo, y no un motivo para hablar con soberbia; y en cuanto a la pobreza, para nadie constituye una vergüenza el reconocerla, sino el no esforzarse por evitarla. (…) Somos los únicos que tenemos más por inútil que por tranquila a la persona que no participa en las tareas de la comunidad. (…)
 Para un hombre que se aprecia a sí mismo, en efecto, padecer cobardemente la dominación es más penoso que, casi sin darse cuenta, morir animosamente y compartiendo una esperanza. (…)
  Y ahora, después de haber llorado cada uno a sus deudos, podéis marcharos.”

      -Oración fúnebre de Pericles. Reconstruida por Tucídides, siglo V a.C.-

 “Creí que era mucho mejor estar de parte de la ley y de la justicia, aunque eso me supusiera graves peligros, que ponerme de vuestra parte en busca de seguridades, si por ello debía ir en contra de la justicia o era movido por el temor de la muerte o del encarcelamiento”·.

        -Apología de Sócrates. Reconstruida por Platón, siglo IV a.C.-


  ¡Oh, qué tiempos! ¡Qué costumbres! ¡El Senado sabe esto, lo ve el cónsul, y sin embargo Catilina vive! ¿Qué digo vive? Hasta viene al Senado y toma parte en sus acuerdos, mientras con la mirada anota a aquellos a quienes designa a la muerte.”

-Cicerón. Primera Catilinaria. Año 63 a.C.-


 “¿Qué más se necesita para hacer de nosotros un pueblo próspero y feliz? Algo más todavía, conciudadanos: un sobrio e inteligente gobierno que impida a los hombres herirse mutuamente, aunque por otro lado, los deje libres para que regulen sus propios objetivos industriales y de desarrollo, y no quite a los trabajadores el pan que se han ganado”.

-Thomas Jefferson. Discurso de 4 de marzo de 1801-

   “La Revolución francesa, ya lo he dicho, no tuvo la pretensión ridícula de crear un poder social que asegurase directamente por sí mismo la fortuna, el bienestar y la felicidad de cada ciudadano, que sustituye la prudencia práctica e interesada de los ciudadanos por la muy discutible del gobierno; creía que ya era bastante con dar a cada ciudadano luces y libertad para no tener que pedir nada a los que gobiernan.”

-Alexis de Tocqueville. Discurso en la Asamblea Constituyente 12/9/1848-


  “La merma de coraje puede ser la característica más sobresaliente que un observador imparcial nota en Occidente en nuestros días. El mundo occidental ha perdido en su vida civil el coraje, tanto global como individualmente, en cada país, en cada gobierno, en cada partido político y por supuesto en las Naciones Unidas. Tal descenso de la valentía se nota particularmente en las élites gobernantes e intelectuales y causa una impresión de cobardía en toda la sociedad. Desde luego, existen muchos individuos valientes, pero no tienen suficiente influencia en la vida pública. Burócratas, políticos e intelectuales muestran esta depresión, esta pasividad y esta perplejidad en sus acciones, en sus declaraciones y más aún en sus autojustificaciones tendentes a demostrar cuán realista, razonable, inteligente y hasta moralmente justificable resulta fundamentar políticas de Estado sobre la debilidad y la cobardía”.

  -Alexander Solzhenitsyn. Discurso de graduación en Harvard. 8/6/1978-


 “Un mayor gasto público, lejos de curar el paro, puede ser el mejor sistema para perder puestos de trabajo y causar la bancarrota en empresas y negocios. Por eso, advertimos a las autoridades locales que, puesto que las contribuciones son con frecuencia el mayor impuesto con que se enfrenta la industria hoy, el hecho de incrementarlas podría paralizar las industrias locales. Los concejos deben, por tanto, aprender a reducir costes de la misma manera que lo tienen que hacer todas las compañías.”

-Margaret Thatcher. 10/10/1980-

  Actualización:
 Estos fragmentos siguen invitándonos a pensar la libertad no como un concepto fijo, sino como una pregunta constante. La libertad aparece donde se cuestiona lo dado y se transforma el propio lenguaje.