
La libertad no es un regalo que recibimos, sino una pregunta que debemos plantearnos cada día. En estos fragmentos he reunido voces y pensamientos que nos invitan a mirar más allá de lo evidente, a cuestionar el poder, las responsabilidades y nuestra propia participación en la sociedad. Cada palabra es un espejo que refleja la tensión entre lo que somos y lo que podríamos llegar a ser, y nos desafía a buscar la libertad allí donde a menudo parece ausente.
“Las personas libres no se preguntan qué va a pasar, sino qué vamos a hacer”.-Fernando Savater-
¿Qué
vamos a hacer? Esa es la pregunta. En mi caso votaré por España, no con un voto útil ni responsable, porque nunca encuentro
esa papeleta en el colegio electoral, sino con sujeción a mi marco de valores. Entre
mis principios y mis miedos o sentirme utilizado
por una Ley Electoral que al carecer de circunscripción única
favorece a los partidos mayoritarios en cada circunscripción
electoral, elijo mis principios sin temor alguno a que mi voto sea
inútil.
Haz lo que creas que debas y no temas las consecuencias, sentenciaron
los estoicos.
¿Y
cuáles son mis principios? Defensa de la Nación española y su
unidad; las libertades formales y la seguridad jurídica frente a
cualquier tipo de totalitarismo, y los valores de la cultura occidental.
He seleccionado unos fragmentos sobre la libertad en los que se reflejan diversas formas de poder y liderazgo, mostrando a menudo la incompetencia o la falta de responsabilidad que nos rodea.
Les propongo un juego similar a “¿dónde está Wally?”, localizando en los fragmentos a los distintos líderes que reconocemos en nuestra historia o presente. Lo interesante de este juego es que cualquier comparación con los personajes históricos que los pronunciaron nos invita a reflexionar: ¿qué hacemos como sociedad para merecer estas figuras y cómo ejercemos nuestra libertad al enfrentarnos a ellas?
“Disfrutamos de un régimen político que no imita las leyes de los vecinos; más que imitadores de otros, en efecto, nosotros mismos servimos de modelo para algunos. En cuanto al nombre, puesto que la administración se ejerce en favor de la mayoría, y no de unos pocos, a este régimen se lo ha llamado democracia. En lo que concierne a los asuntos privados, la igualdad conforme a nuestras leyes, alcanza a todo el mundo, procurando el respeto a los demás y su forma de vida; en lo relativo a los honores, cualquiera que se distinga en algún aspecto puede acceder a los cargos públicos, pues no anteponemos las razones de clase al mérito personal; y tampoco al que es pobre. (…)
Tenemos por norma respetar la
libertad, tanto en los asuntos públicos como en las rivalidades
diarias de unos con otros. (…) Si bien en los asuntos privados
somos indulgentes, en los públicos, en cambio, jamás obramos
ilegalmente, sino que obedecemos a quienes les toca el turno de
mandar, y acatamos las leyes.(...) Amamos el arte y la belleza sin
desmedirnos, y cultivamos el saber sin ablandarnos. La riqueza
representa para nosotros la oportunidad de realizar algo, y no un
motivo para hablar con soberbia; y en cuanto a la pobreza, para nadie
constituye una vergüenza el reconocerla, sino el no esforzarse por
evitarla. (…) Somos los únicos que tenemos más por inútil que
por tranquila a la persona que no participa en las tareas de la
comunidad. (…)
Para un hombre que se aprecia a sí
mismo, en efecto, padecer cobardemente la dominación es más penoso
que, casi sin darse cuenta, morir animosamente y compartiendo una
esperanza. (…)
Y
ahora, después de haber llorado cada uno a sus deudos, podéis
marcharos.”
-Oración
fúnebre de Pericles. Reconstruida por Tucídides, siglo V a.C.-
“Creí
que era mucho mejor estar de parte de la ley y de la justicia, aunque
eso me supusiera graves peligros, que ponerme de vuestra parte en
busca de seguridades, si por ello debía ir en contra de la justicia
o era movido por el temor de la muerte o del encarcelamiento”·.
-Apología de Sócrates.
Reconstruida por Platón, siglo IV a.C.-
¡Oh,
qué tiempos! ¡Qué costumbres! ¡El Senado sabe esto, lo ve el
cónsul, y sin embargo Catilina vive! ¿Qué digo vive? Hasta viene
al Senado y toma parte en sus acuerdos, mientras con la mirada anota
a aquellos a quienes designa a la muerte.”
-Cicerón.
Primera Catilinaria. Año 63 a.C.-
“¿Qué
más se necesita para hacer de nosotros un pueblo próspero y feliz?
Algo más todavía, conciudadanos: un sobrio e inteligente gobierno
que impida a los hombres herirse mutuamente, aunque por otro lado,
los deje libres para que regulen sus propios objetivos industriales y
de desarrollo, y no quite a los trabajadores el pan que se han
ganado”.
-Thomas
Jefferson. Discurso de 4 de marzo de 1801-
“La
Revolución francesa, ya lo he dicho, no tuvo la pretensión ridícula
de crear un poder social que asegurase directamente por sí mismo la
fortuna, el bienestar y la felicidad de cada ciudadano, que sustituye
la prudencia práctica e interesada de los ciudadanos por la muy
discutible del gobierno; creía que ya era bastante con dar a cada
ciudadano luces y libertad para no tener que pedir nada a
los que gobiernan.”
-Alexis
de Tocqueville. Discurso en la Asamblea Constituyente 12/9/1848-
“La
merma de coraje puede ser la característica más sobresaliente que
un observador imparcial nota en Occidente en nuestros días. El mundo
occidental ha perdido en su vida civil el coraje, tanto global como
individualmente, en cada país, en cada gobierno, en cada partido
político y por supuesto en las Naciones Unidas. Tal descenso de la
valentía se nota particularmente en las élites gobernantes e
intelectuales y causa una impresión de cobardía en toda la
sociedad. Desde luego, existen muchos individuos valientes,
pero no tienen suficiente influencia en la vida pública.
Burócratas, políticos e intelectuales muestran esta depresión,
esta pasividad y esta perplejidad en sus acciones, en sus
declaraciones y más aún en sus autojustificaciones tendentes a
demostrar cuán realista, razonable, inteligente y hasta moralmente
justificable resulta fundamentar políticas de Estado sobre la
debilidad y la cobardía”.
-Alexander
Solzhenitsyn. Discurso de graduación en Harvard. 8/6/1978-
“Un
mayor gasto público, lejos de curar el paro, puede ser el mejor
sistema para perder puestos de trabajo y causar la bancarrota en
empresas y negocios. Por eso, advertimos a las autoridades locales
que, puesto que las contribuciones son con frecuencia el mayor
impuesto con que se enfrenta la industria hoy, el hecho de
incrementarlas podría paralizar las industrias locales. Los concejos
deben, por tanto, aprender a reducir costes de la misma manera que lo
tienen que hacer todas las compañías.”
-Margaret
Thatcher. 10/10/1980-
Actualización:
Estos fragmentos siguen invitándonos a pensar la libertad no como un concepto fijo, sino como una pregunta constante. La libertad aparece donde se cuestiona lo dado y se transforma el propio lenguaje.
